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Gabi Briones Pérez, joven de 36 años, que ofreció su vida por las Vocaciones y entró en la Casa del Padre Dios después de sufrir 26 operaciones en 14 años de enfermedad. Un auténtico mártir del dolor.
GABRIEL BRIONES PEREZ, “GABI”, 1957-1993, joven de Solares (Cantabria), que murió santamente, a los 36 años, después de 14 de enfermedad y 26 operaciones quirúrgicas, se hace presente en esta CAMPAÑA de ORACION por las VOCACIONES, por las que ofreció su vida.

Escriben sobre él:
D. José Vicente Pérez Ortiz, Párroco de Sta. Mª de Cudeyo, Solares, Cantabria.
D. José Luis Elizalde Esparza, Catequista y Animador de Cursos Bíblicos.
D. Gabriel Briones y Natividad Pérez, Padres de Gabi.


HOMILIA EN EL FUNERAL DE GABRIEL BRIONES PEREZ, “GABI”.

por D. José Vicente Pérez Ortiz, Párroco de Sta. Mª de Cudeyo, cuando murió GABI en Solares (Cantabria), y ahora Canónigo y Rector del Seminario de la Diócesis de Santander.

Cuando subíamos esta mañana a lo alto de la Parroquia para celebrar la Eucaristía, Misa de alma de Gabi, las campanas de la Parroquia tocaban a triunfo. ¿Por qué? Porque hoy la Iglesia celebra la fiesta del Sagrado Corazón. Y hoy también la Iglesia celebra la subida de Gabi a lo más alto del Cielo. HA LLEGADO TU HORA, GABI.

Tu madre te decía llorando: “Hijo, ahora comienzas la nueva vida, la verdadera vida”. Jesús próximo a la muerte exclamó: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre”. Esto mismo repito yo ahora: “Ha llegado la hora de que sea glorificado Gabi, este hijo de Dios, siervo de Yahvé, varón de dolores”.

Gabriel y Nati, ha llegado la hora de que sea glorificado este hijo vuestro, este familiar y hermano de todos, este amigo, amigo fiel. Ha llegado la hora de que sea glorificado este mártir del siglo XX. Su pasión ha sido muy larga: 14 años. Su pasión ha sido muy dolorosa: 26 operaciones. Sólo Dios sabe cuánto ha sufrido y por qué ha sufrido tanto. Ver a Gabi era ver a Cristo en la agonía.

Ahora, Gabi, ves claro que la Pasión es el camino de la Resurrección, que el Monte Calvario es el último peldaño para ir al Monte Tabor, que después del Viernes Santo viene la Pascua Eterna.

HOY SE CUMPLE LA PALABRA DE CRISTO EN TI, GABI: “Dichosos los sufridos porque ellos heredarán la tierra”. Gabi, tú no sólo has sufrido sino que has sido sufrido. “Yo soy la Resurrección y la Vida, quien cree en Mí aunque haya muerto, vivirá”. Gabi, tú has creído, luego vives. “Quien come mi Carne y bebe mi Sangre tendrá vida eterna”. Gabi, tú te alimentaste con el Pan de la Eucaristía y bebiste el cáliz amargo de la pasión, luego tienes vida eterna. “Quien me confiese delante de los hombres, Yo le confesaré delante del Padre”.

Gabi, tú confesaste a Jesús delante de los hombres; El te ha confesado a tí delante del Padre. Hoy Jesús te dice: “Ven a Mí cansado y agobiado que Yo te aliviaré”. DIOS TE AMÓ, GABI.

Moisés dijo al pueblo de Israel: “Dios se ha enamorado de vosotros, os ha liberado de la esclavitud y os ha elegido”. Esto mismo te digo yo: “Gabi, Dios se ha enamorado de tí, te ha liberado de la esclavitud y te ha elegido para ser su hijo amado y para ser, como Jesús, redentor de los hombres”.

GABI, TU RESPUESTA FUE UNA RESPUESTA DE AMOR. Dijiste como Cristo: “Mi alimento es hacer la voluntad de Dios”. Nunca protestaste. Has dado gracias por el don de la enfermedad. No querías salud para tí. Querías ser cordero inmolado para quitar el pecado del mundo. Te uniste a Cristo y a la Virgen. Lo ofreciste por la Iglesia, por la Parroquia, por los pecadores, por todos. Ningún sufrimiento te fue ajeno. Ninguna necesidad te fue indiferente. Quisiste cargar sobre tí con todas las cruces de los demás.

GABI, TE FELICITAMOS. Te felicitamos por tu FE. Te felicitamos por tu ESPERANZA. Te felicitamos por tu AMOR a la vida; luchaste por vivir, amaste a las personas. Ante una critica, ésta era tu respuesta: ¿Quién no tiene defectos? Te felicitamos por tu testimonio; has dado sentido y valor al sufrimiento.

FELICITAMOS A TUS PADRES Y FAMILIA.
Queridos padres: habéis hecho de médicos, de sacerdotes, de amigos y, sobre todo, de padres cristianos. Habéis sido corredentores con vuestro hijo.

JUNTOS, DAMOS GRACIAS A DIOS.
Te damos gracias, Señor, porque nos has amado y salvado en Cristo. Que sepamos responder como Gabi. Te damos gracias porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Se las has revelado a Gabi.

GRACIAS, Gabi, por el bien que nos has hecho.

GRACIAS, Gabi, por el bien que me has hecho. Me consuela saber que he sido puente que te unió a Dios y te llevó a la Iglesia: Arca de Salvación. Sólo por eso merece la pena haber sido sacerdote.

GABI, TE SEGUIMOS NECESITANDO. Sigue acompañándonos, amigo fiel; sigue esperándome; sigue haciendo pastoral conmigo.

GABI, no tenías miedo a la muerte; tenías miedo a ponerte delante de Dios porque decías que tenías las manos vacías. Ahora te darás cuenta que Dios es Amor y Padre, que no tienes las manos vacías sino llenas. Además, nos llevas a todos en ellas.

Estamos seguros que estás con la Virgen a la que invocaste tantas veces como Salud de los Enfermos y Consuelo de los Afligidos. Ella es la Puerta del Cielo.

La última vez que estuviste aquí, en la Parroquia, fue el día de la Virgen de Fátima y dijiste: “¡Qué paz tengo!”. Ahora en la liturgia del cielo gozas de la Paz y Felicidad eternas. Bien merecido lo tienes, Gabi. Adiós.

CARTA ABIERTA A “GABI”, por José Luis Elizalde Esparza

Querido Gabi:

Durante cinco años he oído hablar de ti, sin saber quién eras. Durante cinco años he oído hablar de tu enfermedad. No sabía que llevabas ya, cuando oí hablar de ti por primera vez, nueve años de enfermedad. Durante estos últimos cinco años he oído hablar de tus múltiples operaciones. Nunca pude imaginar un número tan grande: 26. Durante cinco años he oído hablar de tu resignación cristiana ante la cruz de tu enfermedad. Y durante cinco años he escuchado también el deseo de nuestro Párroco, José Vicente, de que Dios bendijera a esta Parroquia con un “sacerdote”. Ayer, cuando te enterraban, sin yo saberlo (me hubiera gustado estar junto a ti), pensaba para mí: Y ¿que mejor sacerdocio que el tuyo, que durante catorce años no te has separado ni un instante de la cruz de Jesús, que culminó su Sacerdocio en ella? Allí, en el Calvario, abrazado a la cruz de Cristo, estabas tú.

Yo sé que a lo largo de tus catorce años de enfermedad, ofrecías tus sufrimientos, (porque te lo pedía el Párroco), por los jóvenes de Solares para que no cayeran en la indiferencia religiosa, en el olvido de Dios, en los peligros de la droga, del sexo, del consumismo. Y en tu interior, estoy seguro que, como otro Cristo, cuando llegaba a tus oídos que alguno de ellos era presa de alguna de esas maldiciones, repetías, abrazado a tu cruz: ¡Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen!

Ayer, Gabi, Jesús, en el día del Sagrado Corazón (¡qué bien supiste elegir el día para ir a la Casa del Padre-Dios!), en la fiesta de su Amor Misericordioso, estoy seguro que Jesús te miró complacido, como miró desde la cruz al Buen Ladrón, y te dijo: ¡Animo, Gabi, que “hoy estarás conmigo en el Paraíso!”

Amigo Gabi, yo sé que a lo largo de tu enfermedad has tenido muchos días de oscuridad, de abatimiento, de no saber el por qué de tu sufrimiento, de no ver la salida del túnel, de nunca llegar al final, ¡hasta cuándo, Señor!

Recuerdo que cuando te conocí personalmente, el día 13 de Mayo último, en la Parroquia, ya con el rostro pálido, demacrado, cansado, en aquel apretón de manos, me dijiste: “Hoy he pasado un día bastante inquieto”. Y me recordaste a Jesús, cuando en la cruz exclamaba: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? Pero a pesar de tus sufrimientos, allí estabas, dando testimonio de tu fe, en el día de Ntra. Sra. de Fátima.

Recuerdo, también, que al salir de la iglesia, cuando me despedía de ti, después de la celebración de la Misa y Procesión, me dijiste: “Ahora me encuentro mejor, mucho mejor, con mucha paz.”
Y en tus ojos pude ver los de Jesús cuando dijo desde la cruz: ¡Madre, he ahí a tu hijo! ¡No abandones a Gabi! Y la paz volvió a tu corazón, junto a tu Madre del Cielo. Ahora sí tenía explicación tu sufrimiento, ahora sí tenía explicación toda tu vida de cruz.

Amigo Gabi, yo sé que tu vida entera ¡catorce años de enfermedad y veintiséis operaciones!, por la Comunión de los Santos, ha sido la causa de la santidad de muchos sacerdotes y religiosos en tierras de misiones. ¡Tengo sed! dijo Jesús desde su cruz. Y sé que nuestro párroco te animaba a ofrecer “tu sed” por la Parroquia, por la Diócesis, por el mundo entero, por las vocaciones. Y allí estabas tú, de nuevo.

Amigo Gabi. Yo sé que el día 17, por la mañana, antes de entregar tu alma al Señor, atado a la cruz de tu martirio, exclamabas en tu interior, como Cristo:
¡Dios mío, pero si ya no puedo sufrir más! ¡Todo está cumplido! ¡En tus manos encomiendo mi espíritu!.

Amigo Gabi, ayer, día del Sagrado Corazón de Jesús, día del Amor Misericordioso, fue un día grande en el Cielo. Ayer comenzó a brillar en él una nueva estrella de infinita magnitud. Eras tú.

¡Resucitó, Aleluya! Desde el Cielo, sé que vas a estar presente entre nosotros. Y se van a cumplir los deseos de nuestro párroco de que haya, no sólo un sacerdote en Solares, sino muchos. Y junto a ellos, jóvenes con espíritu de sacerdotes, jóvenes con deseos de entregarse a Dios, como tú, en la Parroquia, en las Misiones, allí donde sople el Espíritu de Dios.

Amigo Gabi, en ti se ha cumplido de nuevo la palabra de Dios: “Si el grano de trigo no muere, no dará fruto, pero si muere dará un fruto abundante”. Ya lo verás. Estoy seguro de ello. Gracias a tí, Solares va a ser un modelo de Comunidad Cristiana.

Amigo Gabi, tu muerte ha sido un toque de atención, un fuerte aldabonazo a la conciencia de los que, como tú, militantes de a pie, estamos aquí, para hacer el firme propósito de servir a Cristo en su Iglesia: Unos en la liturgia de la Eucaristía y la Palabra, otros en la Evangelización, como Catequistas; unos dando sentido al sufrimiento y al dolor de la enfermedad, otros en los grupos de oración; unos en las obras de Cáritas, otros al cuidado de las personas enfermas o solitarias, y TODOS, TODOS, en la santificación del trabajo de cada día, en la pequeña cruz de cada minuto.

Ayer, por último, amigo Gabi, me diste una lección profunda de aceptación de la Voluntad de Dios. ¡Catorce años de enfermedad! ¡Veintiséis operaciones! Siempre diciendo ¡Sí! al Señor: ¡Hágase tu Voluntad y no la mía!

ENTREVISTA A LOS PADRES DE “GABI”, en el Colegio Aspirantado de Las Mieses, de las Religiosas Hijas de Ntra. Sra. del Sgdo. Corazón de Jesús. Torreánaz (Cantabria).

A los quince días de la muerte de Gabi, nos acercamos a sus padres y mantenemos con ellos el siguiente diálogo:

Ustedes, Gabriel y Nati, han sido para su hijo, Gabi, padres, médicos, amigos: ¿pueden comentarnos brevemente la vida de su hijo?

Como padres cristianos aceptamos la Voluntad de Dios en la enfermedad de nuestro hijo, porque siempre tuvimos una fe muy grande, y esa misma fe intentamos inculcar en nuestros 4 hijos. Como médicos hemos compartido sus sufrimientos durante 14 años en sus 26 operaciones. Como amigos intentamos estar siempre muy cerca de él; los primeros años de su enfermedad los pasó muy mal.
En un momento de desesperación intentó quitarse la vida cortándose las venas. Nosotros con nuestros consejos y nuestro cariño le infundimos ánimo para valorar la vida y hacerle comprender que el único dueño de ella es Dios, a Él sólo pertenece.

¿Es cierto que en su juventud vivía alejado de la Iglesia?

Hasta los 14 años fue siempre a Misa y a todos los actos religiosos; después empezó a entusiasmarse por los deportes, sobre todo por el fútbol que le absorbía prácticamente todo el tiempo, por eso se alejó un poco de la Iglesia; él decía que creía en Dios pero era perezoso en su vida cristiana a pesar de que nosotros siempre estábamos pendientes de él.

¿Cómo comenzó a descubrir la fe y esa confianza tan grande que tenía en Dios?
Llevaba ya varios años con su enfermedad, sufriendo unas hemorragias muy fuertes. Como él no tenía ganas de seguir viviendo no consentía en hospitalizarse para recibir las transfusiones de sangre necesarias. Nosotros estábamos muy preocupados viendo la gravedad de nuestro hijo y como teníamos gran confianza con la Virgen hicimos la promesa de ir andando a la Virgen del Puerto en Santoña. Cuando volvimos se le habían cortado las hemorragias y desde ese momento Gabi comenzó a tener fe en Dios.

¿Hasta qué punto la ayuda de su amigo sacerdote D. José Vicente, le ayudó a descubrirlo?
Nos unía una buena amistad con D. José Vicente como feligreses que somos de su Parroquia. Gabi no le conocía. Estando bastante enfermo un día le llamamos y cuando se presentó en casa, nuestro hijo le aceptó muy bien encontrando desde ese momento su mejor amigo, sacerdote y confesor.

¿Cómo es posible que un joven deportista, en plena actividad y con tan grandes deseos de vivir, agradeciera a Dios, como un gran don, su enfermedad?
Cuando descubrió la fe y con la ayuda de D. José Vicente, su vida cambió totalmente: aceptó su enfermedad, incluso llegaba a repetir muchas veces que le daba gracias a Dios porque, por medio de ella, se había acercado más a Él. Ofrecía todos sus dolores para salvar la vida de los pecadores, sobre todo de los moribundos que estaban apartados de Dios.

Reiteradamente hablaba de Torreánaz y Las Mieses. ¿Es cierto que quería mucho a las vocaciones?


Desde que conoció Torreánaz y Las Mieses y vio el cariño que le tenían, pues se lo demostraban con tantos sacrificios y oraciones, sintió un gran afecto por las Hermanas y alumnas.
Prueba de su cariño era que cuando salía del Hospital, su primera visita era para Las Mieses y Torreánaz. Siempre las tenía en su corazón, rezaba mucho por las vocaciones y por la unión de los sacerdotes.

¿Qué otros momentos o detalles destacarían de la vida de su hijo?
Nuestro hijo cuando tenía más dolores, más rezaba. Muchas noches le encontrábamos de rodillas, y, al preguntarle qué hacía, nos respondía que en los momentos de mayor dolor hacía sus peticiones. Nunca pedía por su curación. A causa de sus fuertes dolores, se le tenían que administrar calmantes; sin embargo, cuando rezaba el rosario no consentía tomarlos para ofrecer a la Virgen su oración y sus sufrimientos. ¿Qué más podemos decirles?: Que se ha ganado el Cielo y que estará ahora con esa corona de perlas y rosas perfumadas, fruto de tanto sufrimiento ofrecido a Dios. Allí, junto a nuestro Padre Dios y a nuestra Madre la Virgen a la que tanto amó, pedirá por todos nosotros.

TESTIMONIOS DE LA HNAS. ROSARIO IRIZAR Y PETRA IBARGUREN, Religiosas del Apostolado del Corazón de Jesús, en Ceceñas (Cantabria).

Tres cosas me impactaron, sobre todo, de GABI, en el tiempo que convivimos en la Parroquia, nos dice la Hna. Rosario Irízar:

1º Su recogimiento y fervor en la Iglesia. Y de una manera especial, en su participación de la Eucaristía, como lector, siempre que se lo pedíamos. Nunca nos dijo que no (aunque, más tarde, nos enterábamos que se sentía muy mal).

2º La sencillez y serenidad con que hablaba de su enfermedad y de cómo Dios se valió de ella para llevarle a una vida de interioridad con El, muy profunda.

3º Fue el guardián del Párroco. Siempre le esperaba en el atrio después de la Eucaristía y nos decía. “No se le puede dejar solo, porque esto (los alrededores de la Iglesia) está muy aislado”.

La Hna. Petra Ibarguren nos dice de GABI:
La primera noticia que tuve de él fue al comienzo del Curso de Catequesis Parroquial, en 1988. En la presentación de los nuevos catequistas estaba D. Gabriel Briones, padre de GABI. Se lo había pedido su hijo, que estaba ya muy enfermo, ya que él no podía lograr el deseo de ser catequista. Luego traté a GABI en la catequesis de adultos, en Ceceñas. Se le acogía con mucho cariño, pues a todos nos impresionaba su ejemplo.

Acudía a la Parroquia, siempre que se lo permitía su salud y fue fiel acompañante del Párroco en sus visitas a los Hospitales y a las casas donde hubiera un enfermo. Se le veía siempre paciente y complaciente, sabiendo esperar junto a la Parroquia todo el tiempo que fuera necesario. D. José Vicente fue para Gabi un amigo y él supo corresponderle. En sus repetidos ingresos en el Hospital de Valdecilla, se dedicaba, en cuanto podía, a acompañar y a animar a los otros enfermos. Dª. Milagros Cobo, de Liérganes, decía que cuando a ella le operaron, contaba con la amable visita de Gabi, todos los días, notando su falta al darle de alta.
De su temple cristiano mucho se ha hablado. No se le oía quejarse. Solía decir: “Estoy mejor de lo que merezco”. Parecía haber descargado en el Señor, sus dolores y preocupaciones. No les daba importancia. En cambio, su atención por los demás era extraordinaria.

En sus últimos días, se disculpaba por no haberme dado el pésame por la muerte de mi padre, con quien había compartido buenos ratos, años atrás.
He tenido la suerte, y doy gracias al Señor por ello, de haber conocido y tratado a GABI y a su familia en sus últimos años.

¡Cuánto bien ha sembrado en toda la Parroquia!

“Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, quedará solo; pero si muere, llevará mucho fruto” (Jn 12, 23-24)
© 1993-2009 José Luís Elizalde