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Testimonios vocacionales Imprimir
 
Testimonios de personas que nos cuentan cómo Dios les llamó y cómo ellos/as siguieron su voz, como María, su Madre, Pedro, Andrés, Juan... y tantos otros.
He aquí algunos de los testimonios de sacerdotes, religiosos, personas consagradas y laicos comprometidos con la Iglesia, en la que expresan de una manera clara y sencilla, cómo fueron llamados por Dios... y ellos siguieron su llamada.

Miriam, de Eibar (Guipúzcoa). Carmelita Misionera.

Todavía me acuerdo de sus tiempos de adiós a sus padres. Veinte años de envío. Ella nos cuenta los lugares a los que ha sido enviada, siempre diponible. Gracias a "Internet" nos comunicamos con frecuencia. Ha sabido convivir con diferentes culturas, razas, tribus... Y lo ha hecho desde su consagración al Señor en el Carmelo Misionero. Es de las conocidas en "la Obra Máxima". Dialogamos sobre su vida misionera:

P. Antonio.- Hola Miriam; bienvenida a las páginas de "La Obra Máxima".
H. Miriam.- Me alegra el estar contigo y con todos los lectores.
P. Antonio.- ¿Cuánto tiempo hace que empezó tu aventura misionera?
H. Miriam.- Han pasado 20 años desde que dejé mi familia, mis amigos de Eibar y comencé el Postulantado en Burgos con las Carmelitas Misioneras. ¡Cómo pasa el tiempo! En todos estos años han pasado muchas cosas: la formación, estudios, apostolado, viajes, conflictos políticos... diferentes comunidades, el encuentro con muchos amigos y de una manera especial destacaría la amistad y el encuentro con Jesús, compañero de camino.
P. Antonio.- ¿Cuál fue tu primer destino?
H. Miriam.- Después de las diferentes etapas de formación en varias comunidades de España, mi primer destino fue Montreal (Canadá). El adaptarme al nuevo país no fue fácil: la lengua, la cultura, costumbres, muchas novedades que conocer, pero la ilusión con la que fui me ayudó a integrarme enseguida y a vivir mi apostolado con muchas ganas y dispuesta a todo.
En Montreal me dediqué a estudiar y a colaborar en la catequesis; trabajamos en la parroquia que acoge a los emigrantes de lengua española; catequesis, Cáritas, grupos de oración, de jóvenes, de Biblia, liturgia...
P. Antonio.- Pero lo tuyo ha sido estar en África. Cuéntanos...
H. Miriam.- Después otro gran salto: Africa. Pasé cinco años en Kananga (Rep. Democrática del Congo); cuando llegué era Zaire y fueron los últimos años de Mobutu. Es la región diamantífera, rica en recursos, pero empobrecida, sin luz, sin carreteras.
P. Antonio.- Y allí te "tocó de todo".
H. Mariam.- Sí. Aprender su lengua fue una gran ayuda para entender mejor a sus gentes. Me tocó la "guerra de liberación" de Kabila y momentos de inseguridad por todos los soldados que pasaban y el enfrentamiento entre los dos ejércitos; fue un año complicado. A pesar de todo la acogida y el cariño de la gente se hicieron palpables en situaciones en las que daba más ganas marcharse que quedarse.
Al terminar la guerra, la esperanza brotó en el pueblo congoleño. La paz, las mejoras, la reorganización de las instituciones, todo quedaba por hacer. Me recordaba al pueblo de Israel cuando salieron de Egipto.
P. Antonio.- Y preparas tus maletas y te vas a Costa de Marfil.
H. Miriam: Sí. Tambvién he vivido dos años en Tiébissou (Costa de Marfil). En el corazón del país se encuentra el reino Baulí, una de las etnias más importantes de Costa de Marfil; ahí está nuestra comunidad. Me ocupaba del internado de las chicas que estudian secundaria. Vienen de sus poblados, donde no hay instituto, a estudiar a Tiébissou. Son jóvenes de 12 a 19 años que buscan en el internado una vida de familia y un ambiente favorable para sacar adelante la secundaria. Con el conflicto que hay desde el año 2002, la inseguridad es una constante para las chicas, ya que es bastante fácil que abandonen los estudios por las promesas que les hacen muchos soldados.
P. Antonio.- A pesar de la guerra vosotras seguisteis firmes en la Costa de Marfil.
H. Miriam.- Trabajar por la paz, educar a los niños y a los jóvenes a vivir en armonía y en el respeto de unas tribus con otras es una de las tareas importantes que llevamos a cabo en Costa de Marfil. Me impresionó el entendimiento y el diálogo que hay entre las religiones mayoritarias, principalmente entre musulmanes y cristianos.
P. Antonio.- Pero tu gira por África sigue. Ahora estás en "Guinea Española".
H. Miriam.- Ahora estoy en Malabo. La capital de este pequeño país está pasando por un proceso de "modernización". Hay muchos edificios que se han construido recientemente y por el efecto del "petróleo" muchas empresas internacionales se han isntalado y muchos comerciantes han abierto sus tiendas aquí. Malabo está creciendo y hay todavía planes para mejoras urbanas. Aquí no hay conflictos bélicos como en los otros países: Llevo un año dando clases en la escuela "Virgen del Carmen". Aquí estoy por ahora con los niños y niñas del barrio de Yumbili intentando transmitirles algo más que unos conocimientos de lengua y religión.
P. Antonio.- Supongo que en cada país africano has tenido que inculturizarte de nuevo.
H. Mariam.- Los tres países de África por los que he pasado son muy diferentes. Es verdad, todo es África, pero no se puede decir que todo es lo mismo. Lo mejor de todo: la amistad de las personas con las que me voy encontrando. Descubrir que el color de la piel es sólo una capa externa, que en el fondo todos somos PERSONAS y que luchamos por unos ideales, me ha ayudado a vivir la fraternidad, a sentir la Iglesia como la familia de Dios.
Cada destino supone un cambio de mentalidad, de costumbres, de comida, muchos esfuerzos para empezar de nuevo y a veces desánimos para seguir adelante.
P. Antonio.- Oye, háblanos de las comunidades. Has vivido en varias...
H. Miriam.- En todas las comunidades en las que he vivido, he podido experimentar que Jesús sigue llamando cada día a dar lo mejor de mí misma, esté donde esté. La fraternidad y la misión tienen sentido en mi vida desde el momento que respondo y digo: "aquí estoy". Ha habido momentos de todo: más fáciles y más difíciles. Ánimos y desánimos, pero siempre he contado con amigos, religiosos y familiares que me han ayudado y animado a seguir adelante, a descubrir que merece la pena entregrarse por el Reino de Dios. He tenido dudas, desconciertos, miedo, momentos de tristeza y de alegría ya hasta hoy puedo decir que no me arrepiento de haber comenzado esta aventura. He contado con el apoyo de hermanas y hermanos con lo que he podido compartir y, cómo no, vean el apoyo y la fidelidad a Jesús que no me ha fallado nunca a pesar de todos mis fallos. En medio del sufrimiento o de la miseria siempre hay rostros alegres, sobre todo de niños, que con una sonrisa me recuerdan que un nuevo reino está amaneciendo.
P. Antonio.- Muchas gracias.
H. Miriam.- Gracias a tí y a los lectores de "La Obra Máxima".

CONCLUSIÓN
Gracias, Miriam. De Canadá a Guinea, pasando por el Zaire y Costa de Marfil. Sigue dejándote enamorar por África. Y que siempre estés disponible a los planes de Dios. Te felicito por andar ligera de equipaje. Y no cambies nunca tu sencillez, ese regalo que Dios te ha dado.

Fuente: Diario Montañés
Autor: Juan Carlos Flores-Guibert

EMILIO MAZA TRUEBA es uno de los catorce estudiantes del Seminario Mayor de Monte Corbán (diócesis de Santander-España). Tiene 31 años, es vecino de Ramales de la Victoria (Cantabria) y alumno del tercer curso del seminario diocesano. Será ordenado sacerdote en 2010 y su destino es, y ese es su deseo, ser párroco.

¿Por qué entró en el Seminario?

Cuando estudiaba bachillerato surgió la idea de entrar en el seminario. Yo no lo conocía, pero los caminos de Dios me trajeron aquí. Lo planteé en casa, después de pensármelo mucho porque no me atrevía. Mis padres no estaban mucho por esta idea y prefirieron que primero estudiara otra cosa. Así que estudié comercio y marketing y trabajé cinco años en una tienda de Ramales, pero la idea seguía ahí. Y eso me decició a dar el paso, aceptar la llamada y venirme a Monte Corbán.

¿Pero ya sabía lo que era el sacerdocio?

Tenía mucho contacto con el párroco de Ramales, daba catequesis a los niños y trabajé con grupos de confirmación, así que con el paso del tiempo y esa colaboración en la parroquia me fui implicando cada vez más. La llamada seguía ahí y eso me hizo planteármelo muy en serio, dejar el trabajo de Ramales y ser sacerdote.

¿Y su familia?

Pues mis padres al final lo aceptaron. Intentaron hacerme ver que lo pensara, que no tomara una decisión precipitada, pero sabían que hacía tiempo tenía la misma idea. Ahora están felices, porque me ven feliz. Mi hermano Álvaro, nueve años menor que yo, siempre me apoyó y siempre entendió mis deseos.

Quién le ha entendido mejor, ¿su padre o su madre?

Quizás la madre, que siempre es la que está ahí, al pie del cañón, la que va preparando al padre para que acepte y apoye la decisión de los hijos.

¿Cómo es la vida de un seminarista?

Puede parecer que llevamos una vida con tiempo para todo, pero aquí el día no nos da de sí. Nos levantamos a las siete de la mañana, a las siete y media tenemos que estar en la capilla para el rezo de laudes, a las ocho y cuarto es el desayuno y después, hasta la una y media tenemos clases. A las dos es la comida, hasta las cuatro tiempo libre para pasear o descanssar. De cuatro a cinco, dos días a la semana, tenemos deporte, y de cinco a ocho es tiempo de estudio. Los días que no hay deporte, el tiempo de estudio es de cuatro a ocho. A las ocho tenemos la Eucaristía, el momento más importante del día. A las nueve es la cena y de diez a once es tiempo libre. A las once, a la habitación.

¿Cómo se mantienen los seminarios informados de lo que pasa en el mundo?

La televisión la vemos muy poco, en los ratos de tiempo libre. Pero aquí tenemos los periódicos y los fines de semana salimos, vamos a las parroquias, visitamos a nuestras familias, vamos al cine o quedamos con amigos. ¡Vivimos en nuestro tiempo!

¿Un seminarista sale de copas?

Claro que salimos con amigos, pero siempre sin olvidar quiénes somos. Es bueno estar en el mundo. Hacemos la misma vida que otras personas de nuestra edad. Somos personas normales, salimos de compras, vamos al cine y si quedamos con nuestros amigos también vamos de copas, ¿por qué no? Hacemos una vida normal.

Están en el mundo...

Es que es fundamental que un sacerdote esté en el mundo, sin ser del mundo, porque vamos a tener que relacionarnos con el mundo y nuestra pastoral está en el mundo.

¿Vuándo ve a su familia?

Poco. Una vez al mes. Las semanas vuelan... Estamos muy ocupados con los estudios, exámenes, la preparación de las actividades. Necesariamente más horas en el día.

¿Cuál es su futuro?


Ser párroco, allá donde me mande el obispo. Esa es mi ilusión.

¿Por qué hay tan pocas vocaciones?


Hay una crisis general en el mundo y eso afecta también a las vocaciones, a los seminarios. También hay crisis en el matrimonio y en otros ámbitos, quizás es producto de los tiempos. Pero es el tiempo que nos ha tocado vivir.
CARTA A LOS JÓVENES

Hola a todos:

Mi nombre es Pablo y tengo 18 años. Estoy en la Universidad, en 2º de Físicas. Me gusta la música, estar con los amigos, leer, la naturaleza... como cualquier joven. Ah, y soy seminarista. Un seminarista es alguien que se prepara para ser sacerdote.. En esto ya no soy como un joven "normal".

Supongo que resulta extraño que en estos tiempos uno decida dedicarse al sacerdocio. Mi vida tiene ciertas diferencias con el resto de los jóvenes. Vivir en el Seminario, estudiar teología... Cuando decidí seguir este camino, algunos dijeron que iba a malgastar mi vida. El mundo nos ofrece muchas cosas: dinero, trabajo, diversión sin límites... A muchas de ellas yo he renunciado con mi elección, pues no conseguían llenar mi vida (no quiere esto decir que haya renunciado al mundo: el sacerdote debe estar en el mundo). La vocación es lo que realmente llena.

También quiero ser sacerdote porque creo que Dios quiere que ponga mi "granito de arena" para hacer un mundo mejor. El mundo está lleno de problemas: guerras, hambre, terrorismo... el hombre está en crisis. Quizás sea porque se ha olvidado de Dios. Pero Dios no se ha olvidado del hombre. Por eso estamos aquí. Los jóvenes, cada uno desde nuestra vocación (cura, casado, laico comprometido, etc.) podemos contribuir a mejorar las cosas. Y no hace falta irse a lugares lejanos para ello: también el mundo desarrollado necesita de jóvenes comprometidos. Está claro que la sociedad y el "Estado del bienestar" en el que vivimos no es capaz de darnos una vida plena. Muchos jóvenes como nosotros sufren carencias, no económicas, sino de cariño, de proyecto de vida... no encuentran sentido a su vida.

En fin, creo que para cambiar este mundo, hacer de él algo mejor, son necesarias muchas manos. Y creo que somos nosotros, los jóvenes, quienes tenemos que "arrimar el hombro" en esta tarea. Cada uno desde su opción (voluntariado, participar en una ONG, Cáritas, trabajar como catequista en la parroquia...) puede colaborar.

Por último, me gustaría que cada uno de vosotros dedicara un tiempo a reflexionar sobre su "papel" aquí en la tierra. Yo así lo hice, y ahora soy feliz. Nada más. El mundo nos necesita. Un saludo

Pablo Pérez García (seminarista)
© 1993-2009 José Luís Elizalde