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Bta.Mª Gabriella dell'Unita Imprimir
 
Nacida en Dorgali el 17 de Marzo de 1914, entró a los 20 años en el Monasterio de las monjas trapenses de Grottaferata, ahora trasladado a Vitorchiano (Viterbo). Ofreció con sencillez su vida por la Unidad de la Iglesia y por los hermanos separados. El Señor aceptó su holocausto, que se consumó el 23 de Abril de 1939, el domingo del Buen ÑPastor. Fue beatificada el 25 de Enero de 1983. Sus restos descansan en la capilla de la Unidad, anexa al Monasterio de Vitorchiano.
  
BEATA MARIA GABRIELLA SAGHEDDU (1914-1939)

“Sólo deseo amar”

María Gabriella Sagheddu
(1914-1939) nació en Dorgali (Cerdeña), en una familia de pastores.

Los testigos de su infancia y adolescencia nos hablan de un carácter obstinado, crítico, contestatario, rebelde, pero con un fuerte sentido del deber, de la fidelidad, de la obediencia, a pesar de su apariencia contradictoria: “Obedecía refunfuñando, pero era dócil”, “decía que no y, sin embargo, iba inmediatamente”, dicen de ella.

Lo que todos notaron fue el cambio que tuvo lugar en ella a los 18 años; poco a poco se fue haciendo más dulce, desaparecieron los estallidos de ira, adquirió un perfil pensativo y austero, dulce y reservado; crecieron en ella el espíritu de oración y la caridad; apareció una nueva sensibilidad eclesial y apostólica; se inscribió en la Acción Católica.

Nace en ella la radicalidad de la escucha que se entrega totalmente a la voluntad de Dios. A los 21 años decide consagrarse a Dios y, siguiendo las indicaciones de su padre espiritual, entró en el Monasterio de Grottaferrata, Comunidad Trapense pobre de medios económicos y de cultura, gobernada entonces por la M. María Pía Gullini.

Su vida aparece dirigida por unos pocos principios esenciales:

El primero y más notorio es la gratitud por la Misericordia con que Dios la envuelve, llamándola a pertenecerle exclusivamente a Él: gustaba de compararse con el hijo pródigo y solo sabía decir “gracias” por la vocación monástica, la casa, las Superioras, las hermanas, todo“. ¡Qué bueno es el Señor!”, es su exclamación continua, y esta gratitud impregnará también los momentos supremos de su enfermedad y agonía.

El segundo principio es el deseo de responder con todas sus fuerzas a la gracia: que se cumpla la Voluntad de Dios, porque en esto encuentra su verdadera paz.

En el noviciado temía ser despedida, pero después de la profesión, vencido este temor, se entrega a un abandono tranquilo y seguro que generó en ella el impulso al sacrificio total de sí; “Ahora actúa Tú”, decía sencillamente.
Su breve vida monástica (tres años y medio) se consumó como una Eucaristía, en el empeño diario de la conversión, para seguir a Cristo, obediente al Padre hasta la muerte. Gabriella se sentía definida por la misión del ofrecimiento, del don total de sí misma al Señor.

Los recuerdos de las Hermanas son simples y significativos a la vez: su rapidez para reconocerse culpable y pedir perdón sin justificarse; su humildad sencilla y sincera; su disponibilidad para hacer voluntariamente cualquier trabajo (se ofrecía para los más penosos sin decir nada a nadie). Con la profesión creció en ella la experiencia de su pequeñez: “Mi vida no vale nada... puedo ofrecérsela tranquilamente”.

Su abadesa, M. Pía Gullini, era una persona de gran sensibilidad y de un fuerte deseo ecuménico. Después de haberlos asumido en su propia vida, los había comunicado también a la comunidad.
Cuando M. Pía, a petición del P. Couturier, presentó a las hermanas la demanda de oraciones y sacrificios por la gran causa de la Unidad de los cristianos, Gabriella se sintió rápidamente impulsada y empujada a ofrecer su joven vida.
“Siento que el Señor me lo pide” –confía a la abadesa – “me siento impulsada incluso cuando no quiero pensar en ello”.

A través de un camino rápido y directo, entregada tenazmente a la obediencia, consciente de su propia fragilidad, completamente enseñada en su único deseo: “la Voluntad de Dios, su gloria”,

Gabriella alcanza aquella libertad que la lleva a conformarse con Jesús que, “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”. Ante la laceración del Cuerpo de Cristo, advierte la urgencia de la ofrenda de sí, cumplida con una coherencia fiel hasta la consumación. La tuberculosis apareció en el cuerpo de la joven hermana, hasta entonces sanísimo, desde el día mismo de su ofrenda, llevándola a la muerte tras quince meses de sufrimiento.

La tarde del 23 de Abril, Sor María Gabriella concluyó su larga agonía, completamente abandonada a la Voluntad de Dios, mientras las campanas tocaban a rebato, al terminar las Vísperas del Domingo del Buen Pastor cuyo Evangelio proclamaba: “Y habrá un solo rebaño y un solo pastor”.

Su ofrecimiento, incluso antes de su consumación, fue bien recibido por sus hermanos anglicanos y ha encontrado eco en el corazón de creyentes de otras confesiones. La afluencia de numerosas vocaciones es el don más concreto de Sor María Gabriella a su comunidad.

Su cuerpo, encontrado intacto con ocasión de su reconocimiento en 1957, reposa ahora en una capilla adyacente en el Monasterio de Vitorchiano, donde se ha transferido la comunidad de Grottaferrata.

Sor María Gabriella fue beatificada por Juan Pablo II el 25 de Enero de 1983, a los cuarenta y cuatro años de su muerte, en la Basílica de San Pablo Extramuros, durante la fiesta de la conversión de San Pablo, el último día del Octavario de oración por la unidad de los cristianos.

“Orar por la unidad no está reservado a quien vive en un contexto de división entre los cristianos. En el dialogo íntimo y personal que cada uno de nosotros debe tener con el Señor en la oración, no puede excluirse la preocupación por la unidad. En efecto, sólo de este modo ésta formará parte de la realidad de nuestra vida y de los compromisos que hayamos asumido en la Iglesia.

Para proponer de relieve esta exigencia, he querido proponer a los fieles de la Iglesia católica un modelo que me parece ejemplar, el de una religiosa trapense, María Gabriella de la unidad, que proclamé Beata el 25 de Enero de 1983.

Sor María Gabriella, llamada por su vocación a vivir alejada del mundo, dedicó su existencia a la meditación y a la oración centrada en el capítulo 17 del Evangelio de San Juan y la ofreció por la unidad de los cristianos.

Éste es el soporte de toda oración: la entrega total y sin reservas de la propia vida al Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu Santo. El ejemplo de Sor María Gabriella nos enseña, nos hace comprender cómo no existen tiempos, situaciones o lugares particulares para rezar por la Unidad.

La oración de Cristo al Padre es modelo para todos, siempre y en todo lugar”. (Juan Pablo II, Encíclica “Ut unum sint”, 1995, nº 27)

De los escritos de Sor María Gabriella:

“Con simplicidad de corazón, Te ofrezco todo alegremente, Señor”.

“El Señor me ha puesto en este camino: Él pensará sostenerme en la lucha”.

“Confío a Tu Misericordia mi fragilidad”.

“He contemplado de frente un gran crucifijo... He pensado que mi sacrificio era nada comparado al Suyo”.

“Me he ofrecido enteramente y no retiro la palabra empeñada”,

“La Voluntad de Dios cualquiera que sea: ésta es mi alegría, mi felicidad y mi paz”.

“Jamás podré agradecer bastante”.

“No puedo decir otra cosa que esto: “Dios mío, Tu gloria”.

Publicaciones en español:

* Un monje del Cister, “Gabriella – un alma selecta” segunda edición, Studium Ediciones, Madrid 1966

* M. della Volpe, “Para que todos sean uno, Sor María Gabriella, de la Trapa a los altares”, Ed. Aquiles Sánchez Russo, Caracas 1987.

* “Fraternidad Maria Gabriella”: patrick.balland@bluewin.ch

ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

¡Oh Padre Dios, Pastor Eterno, que has suscitado en la Beata María Gabriela, virgen, el deseo de ofrecer la propia vida por la unidad de todos los Cristianos, por su intercesión apresura el día en el que todos los creyentes Te glorifiquen alrededor de la mesa de la Palabra y del Pan con un solo corazón y una sola voz.

Señor, Tú que escoges las cosas pequeñas e insignificantes, las cosas frágiles y pobres para hacerlas signo de Tu Omnipotencia que salva, glorifica a tu sierva la Beata Gabriela, conforme a Tus rpoyectos de Amor, para que Tu deseo de UNIDAD que consumó su vida, llegue a realizarse del todo en la profundidad de los corazones y para mayor gloria Tuya, del Padre y del Espíritu Santo. Te lo suplicamos por medio de María, Tu Madre. AMEN.

En caso de gracias obtenidas por intercesión de la Beata María Gabriella, infórmese a la:

VICE POSTULAZIONE – MONASTERO DELLE TRAPPISTE
Tel. 00-39-0761-370017
Fax: 00-39-0761-370952
I-01030 VITORCHIANO (VT)
E-mail: vitorchiano@iol.it






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