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Historia del Apostolado de la Oración Imprimir
 
El Apostolado de la Oración (APOR) lleva en activo desde el 3 de Diciembre de 1844, fecha de su nacimiento en el Filosofado de los Jesuitas franceses, en Vals. Con los altibajos propios de un organismo eclesial tan antiguo, la vigencia de su espiritualidad la demuestran esos cuarenta millones de socios estimados actualmente en todo el mundo. La última actualización oficial del APOR data del 27 de Marzo de 1968, con la aprobación de sus nuevos Estatutos, por Pablo VI. Esta Carta magna recoge el espíritu del Vaticano II, para informar al APOR con las orientaciones conciliares de la Iglesia renovada. El Apostolado de la Oración ha ido actualizándose de acuerdo con dichas directrices eclesiales, que concluyen en su nº 32: "Las acomodaciones que, según aconsejen las circunstancias de los lugares, parezcan convenientes, pueden hacerse con la aprobación del Director General".
  
¡ÚLTIMO DOCUMENTO OFICIAL DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN! "CARTA DE RUTA" DEL DIRECTOR GENERAL (2003) Peter-Hans Kolvenbach, SJ


PRESENTACIÓN El Apostolado de la Oración (APOR) lleva en activo desde el 3 de Diciembre de 1844, fecha de su nacimiento en el Filosofado de los Jesuitas franceses, en Vals. Con los altibajos propios de un organismo eclesial tan antiguo, la vigencia de su espiritualidad la demuestran esos cuarenta millones de socios estimados actualmente en todo el mundo.
La última actualización oficial del APOR data del 27 de Marzo de 1968, con la aprobación de sus nuevos Estatutos, por Pablo VI. Esta Carta magna recoge el espíritu del Vaticano II, para informar al APOR con las orientaciones conciliares de la Iglesia renovada. El Apostolado de la Oración ha ido actualizándose de acuerdo con dichas directrices eclesiales, que concluyen en su nº 32: "Las acomodaciones que, según aconsejen las circunstancias de los lugares, parezcan convenientes, pueden hacerse con la aprobación del Director General".
De acuerdo con esta premisa, el P. Peter-Hans Kolvenbach, SJ, actual Director General del Apostolado de la Oración, ha escrito la "Carta espiritual" que presentamos a continuación. Nadie mejor que él mismo para explicar la finalidad y el contenido de sus acomodaciones.
"El año 2002 estuvo señalado por cuatro reuniones importantes para el Apostolado de la Oración: en Marzo, en Lagos, la primera reunión de Secretarios nacionales de toda África; en el mes de Abril, la de los Secretarios nacionales de las Asistencias de América Latina, a la que pudieron asistir los Superiores mayores de la CEPAL; en Septiembre, en Estocolmo, la reunión anual europea, en presencia del Presidente de las Conferencias de Superiores mayores de Europa; y, finalmente, en el mes de Octubre, en Sydney, la de Asia Oriental (...)
A menudo son tan diversas las situaciones de un continente a otro, de una región a otra y aun de país a país que resulta difícil responder con unas mismas respuestas a las cuestiones que surgen sobre el servicio que el Apostolado de la Oración ofrece y sobre el modo como debe cumplirlo para afrontar los desafíos que se le presenten.
Por eso me ha parecido necesario, para salvaguardar la unidad del servicio que se nos pida y asegurar su progreso, formular algunos principios orientadores que podrán inspirar, en todo el mundo, el trabajo del Apostolado de la Oración. Fieles al espíritu que lo ha caracterizado a través de su historia, y de acuerdo con los Estatutos propuestos por el Padre Arrupe y promulgados por Pablo VI en 1968, tales principios constituyen una especie de "Carta espiritual" del Apostolado de la Oración.
El primero de estos principios consiste en situar resueltamente el Apostolado de la Oración en la perspectiva de "la llamada universal a la santidad" y proponerlo con convicción como un camino hacia este "alto grado de la vida cristiana ordinaria" (NMI 31). El Apostolado de la Oración nació de la idea de que la vida diaria, vivida en unión con Jesucristo, tiene valor para la edificación del Reino de Dios y, según la gran tradición ignaciana, la santidad más elevada puede surgir de las plegarias y gestos más sencillos. Los otros principios orientadores derivan de esto." (Carta a los Superiores mayores SJ, Roma, 8 de Junio de 2003).
Fieles al deseo del Director General del APOR de "difundir este documento entre los Obispos, el clero, los religiosos y religiosas, además de todas las personas interesadas en el Apostolado de la Oración", nos complace ofrecer la versión en español del texto de su "Carta espiritual". Dirección Nacional del APOR. España Solemnidad del Corazón de Jesús, Madrid, 27 de Junio de 2003

EL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

Un Camino hacia la Santidad para el Cristiano del Tercer Milenio

"Orar no significa evadirse de la historia y de los problemas que plantea. Al contrario, significa optar por afrontar la realidad no solos, sino con la fuerza que viene de lo alto, la fuerza de la verdad y del amor, cuyo último manantial está en Dios. El hombre religioso, ante las insidias del mal, sabe que puede contar con Dios, voluntad absoluta de bien, sabe que puede invocarlo para obtener la valentía que le permita afrontar las dificultades, incluso las más duras, con responsabilidad personal, sin caer en fatalismos o en reacciones impulsivas." (Juan Pablo II, Asís, 24 Enero 2002) Estimulado por estas palabras del Santo Padre, el Apostolado de la Oración se prepara a prestar, con un renovado impulso, el servicio que le ha sido confiado de ayudar a los cristianos a unir su oración y su vida a la oración y la misión de la Iglesia universal, que nos recuerdan cada año las intenciones generales y misioneras del Santo Padre.
EL OFRECIMIENTO DIARIO Para que nuestra oración y nuestra vida se unan a la oración y misión de la Iglesia universal, el Apostolado de la Oración propone comenzar cada jornada con una ofrenda a Dios de nosotros mismos, de nuestras alegrías y sufrimientos, de nuestros logros y de nuestros fracasos, para la salvación del mundo. La hacemos en unión con Jesucristo y con la fuerza del Espíritu Santo, y haciendo esta ofrenda nos comprometemos a seguir el ejemplo de Jesucristo. Un modo trinitario de hacer el ofrecimiento diario podría ser: Dios, Padre nuestro, yo te ofrezco mi jornada. Te ofrezco mis oraciones, pensamientos, palabras, obras y sufrimientos, en unión con tu Hijo Jesucristo, que sigue ofreciéndose a Ti en la Eucaristía para la salvación del mundo. Que el Espíritu Santo, que guió a Jesús, sea mi guía y mi fuerza en este día para que pueda ser testigo de tu amor. Con María, la madre del Señor y de la Iglesia, pido especialmente por las intenciones que el Santo Padre encomienda a la oración de todos los fieles para este mes.
UNA MANERA NUEVA DE VIVIR La experiencia demuestra que de este acto, a la vez sencillo y profundo, surge una manera nueva de vivir. No se puede ofrecer día tras día todo lo que hacemos, en unión con Jesucristo, para la salvación del mundo, manteniendo al mismo tiempo actitudes o pensamientos poco positivos. Si lo hacemos con la seriedad que le es propia, el ofrecimiento purifica nuestro corazón, nuestros pensamientos y nuestra mirada y nos hace capaces de amar y servir a Dios en todo. En efecto, la primera persona en transformarse gracias al ofrecimiento diario es aquel que lo hace.
NUESTRA VIDA, UN PROYECTO Nuestra existencia no es simplemente una etapa que debemos cumplir o un examen que debemos hacer sin faltas. Nuestra vida es, sobre todo, un proyecto. Estamos aquí para contribuir a la edificación del Reino de Dios con actos positivos. La ofrenda diaria nos hace ver que podemos buscar, encontrar, servir, tocar y amar a Dios en todas las personas, en todas las cosas, en todas las circunstancias de nuestra vida. El Apostolado de la Oración está llamado a "hacer a sus miembros conscientes del valor santificador y apostólico de su trabajo cotidiano, entendido como colaboración con la obra de Dios, Creador y Redentor, y de sus sufrimientos, a través de los cuales están llamados a completar en su carne lo que falta a la pasión de Cristo" (Col 1,24) (Juan Pablo II, 1985).
NUESTRA ORACIÓN SE HACE UNIVERSAL Colaboramos con Cristo no solamente por medio de nuestra activudad. Cristo mismo nos invita a interceder ante el dueño de la mies para que envíe obreros a su mies (Mt 9,38). Desde sus comienzos, el Apostolado de la Oración ha invitado a sus fieles a unirse en una oración de intercesión por los problemas concretos que preocupan a la Iglesia universal, en particular los que se refieren a las Misiones. De este modo ha suscitado una profunda comunión de oración entre centenares de millones de creyentes. No se puede esperar otra cosa para el futuro. El Santo Padre estima tanto la fuerza del Apostolado de la Oración que propone personalmente una intención general y una intención mensual para cada mes. El Apostolado de la Oración las acoge con amor y las incorpora en su ofrenda a través de todo el mundo.
POR LA FUERZA DEL ESPÍRITU QUE HABITA EN NUESTROS CORAZONES En la carta que acompañaba a la aprobación de los Estatutos del Apostolado de la Oración, después del Concilio, Pablo VI nos animaba a dar un lugar más importante al Espíritu Santo, que habita en la Iglesia y en el corazón de los fieles como en un templo (cf 1 Co 3,16;Ro 8,15-16 y 26). Desde entonces, por todo el mundo, la invocación del Espíritu Santo ha llegado a ser parte integrante del ofrecimiento diario de millones de personas, dichosas de saber que la transformación que esta ofrenda produce se realiza en llas bajo el impulso del Espíritu Santo.
CON UN CORAZÓN QUE SE ASEMEJA AL CORAZÓN DE JESÚS "Haz nuestro corazón semejante al tuyo": esta sencillísima suplíca expresa el deseo más profundo que el Señor suscita en nuestro corazón: poder amar a Dios y a nuestros hermanos como Él los ha amado. Para llegar a esto, debemos ponernos a la escucha de su palabra y contemplar sus gestos, porque, como nos decía el Papa en su carta con ocasión del 150 aniversario del Apostolado de la Oración: "Cuanto más uno aprende a inspirarse en la palabra de Dios para la propia oración tanto más íntimamente se identifica con los sentimientos del Corazón de Cristo". En definitiva, la devoción al Corazón de Jesús no tiene otra finalidad que asemejarnos más a Él, para confiar como Él en el Padre y estar más atentos a los demás como Él lo estuvo. Ésta es la transformación que el Espíritu Santo pretende obrar en nuestros corazones.
ALIMENTADO Y MODELADO POR CRISTO EN LA EUCARISTÍA Es evidente que esta unión con Jesucristo no puede crecer, ni aun subsistir, sin vida sacramental. "Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí como yo en él ése da mucho fruto, porque separados de mí no podéis hacer nada" (Jn 15,5). En la Eucaristía, Cristo resucitado se nos da como alimento y bebida para ser el centro de nuestra vida interior y para que podamos mostrar en nuestro modo de vivir que Él es quien vive en nosotros. Juan Pablo II lo dijo a los responsables del Apostolado de la Oración: "Debéis esforzaros por formar cristianos que estén modelados interiormente por la Eucaristía, que les dará la fuerza para comprometer todas las dimensiones de la vida en espíritu de servicio a favor de los hermanos, como el Cuerpo de Cristo ofrecido y su Sangre derramada (cf Lc 22.19ss)" (Juan Pablo II, 1985).
RECONCILIACIÓN CON ÉL EN EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA Recordando cómo el Año Santo se distinguió por el recurso al sacramento de la reconciliación, el Santo Padre invita a toda la Iglesia a no descuidar este aspecto de la pastoral ordinaria. El Apostolado de la Oración no dejará de ofrecer su cooperación, siendo así que este sacramento se orienta a "hacer redescubrir a Cristo como aquel en quien Dios nos muestra su corazón compasivo y nos reconcilia plenamente con Él" (cf NMI 37).
A EJEMPLO DE MARÍA Como María, que se puso, sin reserva alguna y de todo corazón, a disposición de la Persona y la obra de su Hijo, también nosotros, por medio de nuestro ofrecimiento, nos ponemos de todo corazón a disposición de Jesucristo, para que venga a nosotros su Reino.

EN RESUMEN,
EL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

propone un camino hacia la santidad
a partir del ofrecimiento diario
que transforma nuestra vida
y que nos une en comunión universal de oración
por la fuerza del Espíritu que habita en nuestros corazones
y nos hace desear tener los mismos sentimientos que tuvo el Corazón de Cristo
para que, alimentados y modelados por él en la Eucaristía
y reconciliados con él mediante el sacramento de la Reconciliación
podamos ponernos plenamente y de todo corazón a su disposición y a disposición de su Iglesia, a ejemplo de María, para que venga su Reino.
Peter-Hans Kolvenbach, SJ, Director General del Apostolado de la Oración Roma, 8 de Junio de 2003, Solemnidad de Pentecostés
© 1993-2009 José Luís Elizalde