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Sembl. Pilar de los Ríos Imprimir
 
Joven religiosa de María Inmaculada fallecida santamente a los 34 años de edad en París, tras una larga y penosa enfermedad..
  
SEMBLANZA DE LA HERMANA PILAR DE LOS RIOS HIGUERA
(Nace el día 1º de abril de 1974 y fallece el 19 de febrero de 2009)

“Por la entrañable Misericordia de nuestro Dios nos ha visitado el sol que nace de lo Alto” (Lc 1, 78-79). Así nos sentimos todos los que la conocimos, tras la marcha a la Casa del Padre Dios, de nuestra querida hermana Pilar de los Ríos Higuera, religiosa de la Congregación de María Inmaculada. Nos ha visitado el Señor y nos ha robado lo que es suyo, lo que desde toda la Eternidad siempre fue suyo… Y como toda visita del Señor, nos ha dejado llenos de paz y esperanza. Nuestra hermana Pilar ya ha vencido a la muerte y se encuentra gozando sin límites del amor del Amado.

No es fácil referir “algo” de su vida, pues su paso por la Congregación ha sido fugaz, breve, aunque intenso: en seis años y medio de vida religiosa ha sido consumada en el amor, inmolada por la gloria del Corazón Misericordioso de Jesús y por la salvación de las almas.

Nació Pilar un día 1º de abril del año 1974. Después de hacer sus estudios de primaria y secundaria en Revilla de Camargo y sus estudios universitarios en Salamanca (licenciada en Filología Inglesa y Francesa-1997) sintió la llamada del Señor hacia la Congregación de María Inmaculada. Era alegre, dulce y responsable y exteriorizaba continuamente esa alegría, en su trato con sus compañeras y con las jóvenes de Paris, que le habían encomendado… hasta que el Señor, como dice su director espiritual, aceptó su entrega: Ella “quería darse”(al Señor) y ha sido tomada por la palabra.

Los primeros años de formación hasta su destino de París, fueron precisos e importantes para aprender a amar al Señor de la Eucaristía y a la Virgen Inmaculada, bajo cuya protección se había entregado, teniendo como finalidad de su trabajo, la entrega a las personas que le habían asignado sus superioras. Amor a Dios y amor a sus hermanos. Nos consta que estaba feliz, entusiasmada… con su Congregación. Tenía una gran dulzura en su trato: era alegre, suave, sencilla, fervorosa, humilde, dócil, … una religiosa “desesperadamente normal”, como la describe su director espiritual, el P. Dominique Salin, S.J.

Su celo por las almas, especialmente por las almas de las jóvenes, a quienes servía, era muy intenso y deseaba entregar su vida por ellas, para que conocieran a Jesucristo, su Evangelio y a su Madre María Inmaculada.

Hoy, Piluca, tengo que alabar al Señor, por esa ACCION DE GRACIAS, que brotó de tu generoso corazón, en el día de la renovación de los Votos Simples después de sufrir una intervención quirúrgica para saber si tu enfermedad (un cáncer terminal) tenía remedio o no. Era el comienzo de tu calvario y un poco más de entrega a Dios, Trino y Uno.

Reuniendo fuerzas sobrenaturales, tú sabías que tus “proyectos personales” dentro de la Congregación se venían abajo, por causa de tu salud, y el 15 de Octubre de 2007, en la Renovación de tus Votos simples nos sorprendiste a todos con esta Acción de Gracias:

RENOVACION DE VOTOS EL DIA 15 DE OCTUBRE DE 2007

Para conocer un poco de su entrega a Dios, tomemos como detalle, la acción de gracias de la renovación de sus votos. el día 15 de Octubre de 2007:

“Hay momentos en la vida en los que decir “GRACIAS” se hace muy difícil. Hoy, Señor Jesús, me hubiera gustado presentarte mi vida llena de energía y de vitalidad; ¡he aquí mi cansancio y mi debilidad! Me hubiera gustado regalarte mis mejores proyectos para este año; ¡todos se han desbaratado! Me hubiera gustado ofrecerte mi trabajo y mis estudios; ¡he aquí mi impotencia! ¡Vaya regalos! ¿Cómo decirte “gracias”, Señor?

Y sin embargo, quiero darte gracias, Señor, haciendo eco a las voces de Raquel, Laura, Leticia, Olalla y Fulkiwari, quienes también hoy renuevan sus votos. Quiero decirte “gracias” por el DON DE LA VIDA, lo que, este año, tiene para mí, para nosotras, un sentido profundo y diferente.

Quiero darte “gracias” porque me has hecho comprender que en mi cansancio y mi debilidad, en mis proyectos desbaratados, en mi impotencia, eres TÚ quien TE REGALAS a mí y a los demás. Te doy “gracias” porque te das en mis hermanas, en mi familia, en mis amigos y en las jóvenes: ellas también se descalzan ante el misterio. Gracias, Señor Jesús, porque te has encarnado en mi vida, que es regalo tuyo, y porque la quieres consagrar así, a tu manera, y no a la mía. Gracias porque haces de ella una oración”.

El pasado 6 de enero de 2009, Sor Pilar de los Ríos Higuera, hizo sus VOTOS PERPETUOS, en París ante el Santísimo Sacramento, por concesión especial de la M. General de la Congregación de María Inmaculada, M. Mª Dolores Sueiras. Después de la Santa Misa, Piluca hizo su Acción de Gracias, haciendo sus Votos Perpetuos en presencia del P. Dominique Lasin, jesuita, director espiritual de Piluca, consciente de que dentro de muy pocas semanas se iría a la Casa del Padre para darle el abrazo eterno. Esto es lo que nos dejó escrito:

ACCION DE GRACIAS AL FINAL DE LA MISA DE LOS VOTOS PERPETUOS escrita por SOR PILAR DE LOS RIOS HIGUERA. (6-Enero-2009)

“El año pasado, quería ofrecer al Señor todos mis proyectos y mis planes de futuro. Terminé por ofrecerle mi debilidad y mi impotencia. Y lo hice de todo corazón, pero no sé si también puse todo mi ser y toda mi voluntad. No digo que hoy lo haga, pero tengo, al menos, el profundo deseo de “dar gracias al Señor” por el año vivido.

Me gustaría decirte “gracias”, Señor Jesús, porque me has hecho descubrir en mí la capacidad de ser una mujer plena y feliz en mi vida; porque me has hecho descubrir, sin comprenderlo, que eliges mi pobreza y mi debilidad para habitarme y para mostrarte a los demás, más allá incluso de los sentimientos.

“Gracias” por mi comunidad, por mi familia, por mis amigos, por las jóvenes y por tantas personas que, desde lejos o desde cerca, me sostienen, se ocupan de mí y me cuidan (en mi enfermedad); todas ellas me recuerdan tu tierna presencia a mi lado, que también acompaña mi camino.

Pero hoy quisiera darte “gracias”, sobre todo, porque me has hecho entender, Señor Jesús, que la vida no es “durar mucho tiempo”, sino habitar cada instante con tu amor, y para eso no hace falta esperar circunstancias específicas, sino acoger los sencillos día a día – a veces no tan sencillos – que se me dan para vivir. “Gracias” por hacer de mi presente un desafío de amor”.

¡
QUE DIOS BENDIGA NUESTRAS VIDAS, NUESTROS ESFUERZOS Y TODO LO QUE COMENZAMOS CADA DIA!


  
El día 19 de febrero de 2009 entregaba su alma a Dios, la hermana Pilar de los Ríos Higuera. El funeral se celebró en Paris, el sábado, día 21. El P. Patrick, S.J. celebró la liturgia y en la homilía dijo:

Piluca, estuve en tu funeral de “cuerpo presente” en Revilla de Camargo y D. ANTOLIN GARCIA ROZAS, párroco de Polientes y compañero tuyo desde la infancia lo concelebró con otros cinco sacerdotes. En la homilía nos dijo:

Queridos hermanos: Nos hemos reunido hoy para dar el último adiós a Pili y acompañar a toda su familia: padres, hermanos, cuñada, sobrinas y toda esa familia religiosa que Dios la dio y que hoy esta representada en estas hermanas de María Inmaculada que nos acompañan en estos momentos de tanto dolor humano.

Pero creo, queridos hermanos, que hoy lo que nos pide Pili, es que no estemos tristes sino todo lo contrario, pues ella con su sonrisa nos dice a todos que ya esta con aquel al que ama, con Dios nuestro Padre, al que ella pidió en su vida que ayudase a tantas y tantas personas que se acercaban a ella con problemas y dificultades.

Pili era una persona que como los camilleros del evangelio, que acabamos de escuchar, que ayudaron al paralítico a acercarse a Jesús, ella lo hizo a lo largo de su vida, ayudando a tantas chicas que había en la casa en la que vivía, a los emigrantes enseñándoles francés,... y así podríamos seguir enumerando tantas y tantas cosas que hizo, siempre preocupándose por los demás, incluso en los últimos días de su vida, sabiendo aún todo lo que le iba a suceder, así era Pili, una mujer de este mundo, pero como religiosa, siempre dando testimonio de ese Cristo a quien tanto quería.

Porque realmente Pili creo que para mucha gente cercana a ella ha sido y será un verdadero ejemplo de fe y de vida, ella de la debilidad sacaba fuerzas para seguir caminando hacia adelante, nunca arrepintiéndose de lo que hizo, sino todo lo contrario, reafirmando su vocación religiosa con los votos perpetuos que realizo el día de reyes, momento que, por lo que me han dicho, fue emotivo y lleno de ternura por toda la gente que la acompañó y arropó en ese momento tan importante de su vida.

Creo en definitiva que realmente, desde hoy tenemos a una persona con Dios, que intercederá ante Él por todos nosotros al igual que lo hizo en vida para que nos ayude en los momentos difíciles de ella.

Los textos que acabamos de oír, Pilar los quería mucho. Muy seguramente, nutrirían su oración y le harían oír la voz de este Maestro que llama. Voz dirigida a Moisés, todavía misteriosa. Llamada de Jesús que invita a los discípulos a vivir como servidores. Aquí y allá, en la antigua y en la nueva alianza, una promesa: primero, la liberación de la servidumbre. ¡Ve y libera a mi pueblo! Dice la voz sin rostro en la zarza ardiente; felices seréis si os laváis los pies unos a otros. Servir abre la vida a la felicidad.

Dios se dirige al hombre bajo la forma de una promesa de libertad y alegría. Pero es una promesa paradójica: De un lado, la esclavitud de la que Dios libera a su pueblo, a través de Moisés; del otro, Jesucristo que revela con sus palabras y actos que no hay amor más grande que el de servir. Dios nos hace pasar de la servidumbre al servicio. ¿Dónde está pues la buena nueva? El servicio es la identidad misma de Dios, que Él nos quiere dar.

La desaparición de Pilar nos deja sin voz, pero Pilar no nos deja sin palabras. Estamos tristes. Abrumados desde hace meses, desde que nos enteramos que el cáncer se la llevaría, un día u otro.

Poco a poco, sin embargo, Pilar nos ha enseñado a vivir con la enfermedad, que la conmovía profundamente, a ella primero. Nos lo ha enseñado sin darnos lecciones, acogiéndonos en su casa, y luego, al ritmo de los cuidados que la agotaban, hasta en su cuarto en la Casa médica “Jeanne Garnier”. Pilar nos enseñaba, y ella misma se dejaba enseñar por aquello que le sucedía. Sin entender todo, ni querer entenderlo todo. Aceptaba decirse desamparada, perdida. Pero hacía comprender que Dios estaba aquí, que ella lo había descubierto, en una nueva zarza ardiente, sin rostro fácilmente reconocible. La zarza ardiente de la aventura de la larga enfermedad y de los ingresos repetidos en el hospital.

El que Moisés no había visto, sino sólo oído, Pilar lo escuchaba de nuevo. Él hablaba. Y en la turbación que la enfermedad no le ahorraba sentir, el Señor le hacía entender: « Yo estoy contigo ». Las palabras mismas de Dios cuando enviaba Homilía de la Misa por Pilar

PARÍS – 21 febrero 2009
Los textos que acabamos de oír, Pilar los quería mucho. Muy seguramente, nutrirían su oración y le harían oír la voz de este Maestro que llama. Voz dirigida a Moisés, todavía misteriosa. Llamada de Jesús que invita a los discípulos a vivir como servidores. Aquí y allá, en la antigua y en la nueva alianza, una promesa: primero, la liberación de la servidumbre. ¡Ve y libera a mi pueblo! Dice la voz sin rostro en la zarza ardiente; felices seréis si os laváis los pies unos a otros. Servir abre la vida a la felicidad.

Dios se dirige al hombre bajo la forma de una promesa de libertad y alegría. Pero es una promesa paradójica: De un lado, la esclavitud de la que Dios libera a su pueblo, a través de Moisés; del otro, Jesucristo que revela con sus palabras y actos que no hay amor más grande que el de servir. Dios nos hace pasar de la servidumbre al servicio. ¿Dónde está pues la buena nueva? El servicio es la identidad misma de Dios, que Él nos quiere dar.

La desaparición de Pilar nos deja sin voz, pero Pilar no nos deja sin palabras. Estamos tristes. Abrumados desde hace meses, desde que nos enteramos que el cáncer se la llevaría, un día u otro.

Poco a poco, sin embargo, Pilar nos ha enseñado a vivir con la enfermedad, que la conmovía profundamente, a ella primero. Nos lo ha enseñado sin darnos lecciones, acogiéndonos en su casa, y luego, al ritmo de los cuidados que la agotaban, hasta en su cuarto en la Casa médica “Jeanne Garnier”. Pilar nos enseñaba, y ella misma se dejaba enseñar por aquello que le sucedía. Sin entender todo, ni querer entenderlo todo. Aceptaba decirse desamparada, perdida. Pero hacía comprender que Dios estaba aquí, que ella lo había descubierto, en una nueva zarza ardiente, sin rostro fácilmente reconocible. La zarza ardiente de la aventura de la larga enfermedad y de los ingresos repetidos en el hospital.

El que Moisés no había visto, sino sólo oído, Pilar lo escuchaba de nuevo. Él hablaba. Y en la turbación que la enfermedad no le ahorraba sentir, el Señor le hacía entender: « Yo estoy contigo ». Las palabras mismas de Dios cuando enviaba a Moisés delante del Faraón, allí donde Moisés arriesgaba su vida. « Yo estoy contigo » – voz sin rostro, pero palabra de una inquebrantable promesa. Pilar la compartía con nosotros, y volvíamos de estos encuentros maravillados, confortados, en medio de nuestra tristeza. Pilar nos servía revelándonos de qué promesa ardía la zarza sin rostro.

Pilar ha tenido ocasión de hacer miles de gestos de servicios. Estos últimos meses, ha recibido diez mil de ellos.

« Jesús se levanta de la cena, se quita su manto, y tomando una toalla, se la ciñe. Luego pone agua en un lebrillo, y empieza a lavar los pies de los discípulos. » Estos gestos, repetidos por las enfermeras y auxiliares – un poco de agua, una toalla, un lebrillo, o gestos más técnicos – le han sido ofrecidos. Gestos sencillos, testigos de una increíble red de amistades forjadas en menos de tres años en París. Gestos hechos por hombres y mujeres que no tenían consciencia que estaban imitando a Cristo, sencillamente porque hacían lo que había que hacer. Pero habitados por un deseo, y no por unos gestos mecánicos, efectuados estando “ausentes”. Un gesto de solicitud, discreta, pero atenta. El servicio no es más que presencia. Un gesto para confortar, sostener, aliviar. No estás sola. « Yo estoy contigo ».

El servicio es expresión, es lenguaje. Si no, no es servicio, y, entonces, no sirve de nada, o no sirve a nadie. El verdadero servicio pone en relación. Une... « Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy ». El servicio no hace perder su identidad a Cristo. El servicio le hace decir quién es Él en verdad. El Maestro es el siervo. El servicio revela qué es lo que anima al Maestro. « Yo estoy contigo ». En los gestos de Jesús, en el momento del lavatorio de los pies, y a lo largo de toda su vida, la voz sin rostro de la zarza ardiente toma figura. Dios quiere servirnos para que tengamos vida, y para eso, nos tiene que librar de lo que nos impide vivir. Nosotros, queremos ser maestros sin servir, afirmar contra los demás nuestro poder, nuestra identidad. Queremos decir « Yo estoy »/« yo soy », suprimiendo a los demás. Dios dice « Yo soy »/« Yo estoy », estando con nosotros, hasta el extremo.

En un trabajo para el “Centre Sèvres” (Universidad de los Jesuitas en París, NDLT) Pilar hacía una reflexión sobre esta escena del lavatorio de los pies, en el que se interrogaba sobre lo que significa « amar hasta el extremo ». ¿Es acaso la Cruz la cima de la vida cristiana, el don más perfecto? se preguntaba ella. En este trabajo teológico, verdadera meditación, Pilar escribía:

“Elegir y desear seguir a Cristo hasta el extremo, nos desata de nuestros proyectos de vida. Lo que deseamos en lo más profundo de nuestro ser es al mismo Dios, por Él mismo. Queremos dejar a Dios ser Dios hasta el punto que Él nos transforme y llegue a ser el secreto de nuestra vida. De ahí se deduce – continuaba ella – que la cima de la vida cristiana es la apertura al Espíritu. Espíritu que transforma, que da vida. La cima está pues en la apertura, en la acogida. Esta apertura condujo Jesús a lo largo de su vida; y esta misma apertura nos libera y nos invita a hacer nosotros lo mismo.

Dios permanece inabarcable, el Misterio mismo, pero puede ser elegido hasta el extremo. Cuando Jesús hace esta elección, hasta el extremo, en el lavatorio de los pies y en la Cruz, es en nombre de una fraternidad común, sirviendo a los discípulos de quienes se ha hecho hermano.”

Gracias, Pilar, por esta palabra de Dios que has llevado hasta el extremo.

Que el Espíritu de vida del Señor le sea hoy concedido a Pilar, ella que dejó transformar toda su vida por el deseo de Jesucristo y el gusto por el servicio fraterno. El servicio es la identidad misma de Dios, que nos procuran su Hijo y su Espíritu, el Consolador. Que nos sea dado a nosotros también el oír esta palabra que Pilar nos ha transmitido: « Yo estoy contigo ». P. Patrick S.J.

Terminamos esta tu SEMBLANZA con la Reflexión de tu Director Espiritual el P. Dominique Salin s.j. que nos envió esta carta:

“Yo creo que no traiciono el secreto de confesión cuando digo de Pilar que, Cuando Pilar vino a verme la primera vez, ocho meses antes de declararse la enfermedad, ella era una religiosa desesperadamente “normal”. Ella no estaba carcomida por ningún sentimiento de culpabilidad particular, no tenía ningún impedimento físico o intelectual, no se encontraba en ninguna prueba espiritual o psicológica particular, no constaba ninguna intervención milagrosa de Dios en su vida.

Esta “normalidad” esta “santidad” (lo ordinario hecho extraordinariamente) me había conmovido. Empiezo a ser lo suficientemente mayor y haber recibido suficientes confidencias para saber que esta santidad moral y espiritual, esta simplicidad de ser, no es tan frecuente, principalmente en la vida religiosa.

Por otro lado, yo estaba conmovido, como todo el mundo, imagino, por su dinamismo, su amor a la vida, su curiosidad intelectual y humana, la postura siempre positiva que ella mostraba sobre los otros y las situaciones, en resumen, su alegría. Es verdad que ella no era “inocente”(naïve) (pues conocía al mundo). Veía los limites que hacía falta ver en las gentes y en las instituciones, incluida la Iglesia y su Congregación, e incluida ella misma. Pero esto no mermaba ni su entusiasmo ni su deseo de darse. Tenía dones (naturales) considerables que habrían hecho maravillas en la congregación de María Inmaculada.

Ella “quería darse”(al Señor) y ha sido tomada por la palabra. Ha encarado su enfermedad con la misma simplicidad con que amaba la vida. Ha aceptado tener miedo, estar decepcionada algunas veces (sobre todo cuando el diagnóstico falló al acabar el primer tratamiento en el mes de mayo: hay que volver a empezar) Aceptó ser un peso para sus hermanas, un motivo de angustia para su familia y sus amigos. Hay que reconocer que esto no ha sido siempre fácil. Pero, para ella, era evidente que estaba llamada a aceptar todo esto.

También se había hecho evidente para ella que estaba llamada a aceptar su muerte. Esta evidencia, en su simplicidad, ha sido para mí un misterio. A los ojos de Pilar esta evidencia daba sentido a la celebración de sus votos perpetuos (profesión perpetua): “Me doy para la vida y para la muerte”. Había elegido la página del evangelio en la que Jesús alimenta a una muchedumbre con unos pocos panes y peces llevados por la gente. “Yo no tengo mucho para dar, solo un poco de pan y de pescado, pero lo entrego”. Desde entonces yo la llamaba “sardinita del buen Dios”. Al final (de su vida) ella decía “la sardinita está bien asada!”

La última vez que fui a verla, 5 días antes de su muerte (yo me iba de viaje) me recibió diciendo gravemente como cuando la llamé para acercarse al altar para profesar: “Heme aquí”

Todo estaba dicho, toda su vida estaba en estas palabras, y toda su muerte. Hasta el fin, ella me ha evangelizado”.

Acabamos dando gloria a Dios, por la santa muerte de Piluca de los Ríos Higuera, religiosa de la Congregación de María Inmaculada (Servicio Doméstico), en lo mejor de su vida, con tan solo 34 años.

Desde Santander, y Revilla de Camargo, nuestra alabanza al Dios, Trino y Uno y a la Virgen del Carmen, patrona de la villa, a 1º de abril de 2009, día de su cumpleaños.

 
© 1993-2009 José Luís Elizalde