Proyecto Vocacional: ¡Tengo Sed...!
 Apostolado de la oración - Modos de orar
 Rosario
 Madre Teresa y Medalla Milagrosa
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 Vocaciones - Misiones
 Misericordia Divina
 Unidad de los Cristianos
 Encíclicas
 Grupos de Oración
 Enfermos - Mensaje del Papa Benedicto XVI
 Libros y revistas
 Testimonio de una enferma - Soledad López de Ayala Becerril
 
  Estadísticas  
  Contador de visitas: 534609  
ADORACION PERPETUA ANTE JESUS SACRAMENTADO. Imprimir
 
Si verdaderamente creemos y somos conscientes de la presencia real del Cuerpo y Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo en las sagradas especies de la Eucaristía, comprenderemos que, para todo católico, la visita a Jesús Sacramentado, presente en todos los sagrarios del mundo, se hace imprescindible. Tenemos Adoración Nocturna y Diurna, pero por separado. A partir de este mismo instante os ofrecemos la posibilidad de formar parte de la ADORACION PERPETUA ante Jesús Sacramentado.
  
ADORACION PERPETUA

Fuente
: ADORACION PERPETUA ANTE JESUS SACRAMENTADO
Autor: P. Ángel Peña Benito, misionero agustino recoleto. con sede en Lima (Perú)

ADORACIÓN PERPETUA

Nihil Obstat
P. Ignacio Reinares
Vicario Provincial del Perú
Agustino Recoleto

Imprimatur
Mons. José Carmelo Martínez
Obispo de Cajamarca (Perú)

ÁNGEL PEÑA O.A.R.
LIMA – PERÚ
2008


INTRODUCCIÓN

El gran tesoro.
El Dios olvidado.
Jesús es mi vida.
Cristo, pan de vida.
Cristo, sol divino.
Ser estrellas.
El sagrario.
El cielo en la tierra.
La hora santa.
Adoración perpetúa.
Testimonios
Comunidad adoradora.
Adorador perpetuo.
Oraciones.
Versos para la adoración.

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA


INTRODUCCIÓN

En este librito queremos manifestar las excelencias de la adoración eucarística perpetua con el fin de estimular su establecimiento en todas las parroquias posibles. ¿Por qué? Sencillamente, porque la Eucaristía debe ser el centro de la vida parroquial y de la vida personal de cada cristiano. Decía el Papa Juan Pablo II el 28 de mayo de 1996: La Eucaristía es el centro de la vida parroquial… y está en el centro de la vida cristiana. Y el Catecismo nos dice que la Eucaristía es la fuente y la cima de toda la vida cristiana (Cat 1324).

Ser cristiano significa ser de Cristo, pertenecer a Cristo. Y Cristo está vivo y nos espera permanentemente en el sacramento de la Eucaristía. Lo cual quiere decir que un verdadero cristiano debe ser un cristiano eucarístico. Y, si somos eucarísticos, debemos centrar nuestra atención y nuestro amor en Jesús Eucaristía. De ahí que en todas las parroquias se debe fomentar el amor a Jesús sacramentado. En algunas parroquias se acostumbra a exponer el Santísimo los jueves, llamados jueves eucarísticos. Esto es lo menos que se puede pedir. Lo deseable sería que en todas las parroquias haya capillas de adoración eucarística, al menos, durante el día. Pero el ideal, al que se debe aspirar, es que en todas las parroquias del mundo haya una capilla de adoración perpetua, día y noche, a Jesús sacramentado.

Las bendiciones que se recibirían, serían innumerables, muchas más de las que podemos imaginar. De hecho, en muchos lugares, los párrocos que tienen capillas de adoración eucarística perpetua, ya han manifestado que han disminuido de modo admirable los crímenes, suicidios, abortos, casas de juego y otros males. Y esto por la sencilla razón de que el poder de Jesús eucarístico es más fuerte que el de todos los demonios y el de todos los ejércitos del mundo. Donde está expuesto frecuentemente Jesús Eucaristía, se alejan los diablos, brujos y gente de mal vivir...

¡Ojalá que cada cristiano esté enamorado de Jesús Eucaristía y se comprometa, al menos, una hora a la semana como mínimo para hacer su turno de adoración! Entonces, su vida cambiará y las bendiciones que Dios derramará sobre él y su familia, serán inmensas. Y eso es lo que les deseo a todos y a cada uno de todo corazón.
EL GRAN TESORO

La Eucaristía no sólo es un gran tesoro, podríamos decir que es el tesoro más grande del mundo. Mucho más importante que el oro o las piedras preciosas. Vale más que todo el universo con todas las estrellas y galaxias. Vale más que los ángeles y que todos los santos, incluida la misma Virgen María, porque la Eucaristía es Jesucristo, el Dueño, Señor y Creador de todo lo que existe.

Sin embargo, hay quienes no entienden que, al hablar de la Eucaristía, no estamos hablando de un pan bendito o de una cosa buena, sino de Alguien, de una persona, de Jesús. Por eso, quizás no lo valoran lo suficiente y su fe es demasiado pequeña para reconocerlo bajo la apariencia de un pequeño pedazo de pan.

Muchos católicos no lo aman, no le dan importancia, y para ellos Jesús Eucaristía es como si no existiera, porque no se aprovechan de su presencia cercana en este sacramento. Es lo que les pasaba a tantos judíos del tiempo de Jesús, que lo tenían muy cerca, pero no creían en Él o simplemente no se daban tiempo para ir a oír sus palabras o visitarlo.

Los reyes magos hicieron un largo y peligroso camino para encontrar a Jesús y quedaron felices de haberlo encontrado. Había valido la pena todo su esfuerzo; porque, al fin, lo encontraron y descubrieron que Él era su Dios. Fueron los primeros no judíos que lo reconocieron como Dios y lo adoraron. Los pastores también hicieron un esfuerzo para ir en plena noche a visitarlo, llevándole algunos regalos y no quedaron defraudados. ¿Y nosotros? ¿No valdrá la pena hacer cualquier esfuerzo para visitar a Jesús? ¿No valdrá un poco de nuestro tiempo? ¿O acaso nuestra fe es tan escasa que no creemos que verdaderamente en la hostia consagrada está el mismo Jesús de Nazaret, el mismo Jesús, que nació en Belén, murió en la cruz y resucitó?

Si supiéramos que en una isla perdida hay un gran tesoro y nos dieran la oportunidad de ir a encontrarlo con la garantía de que sería todo para nosotros, ¿no valdría la pena arriesgarse para encontrarlo y ser ricos para toda la vida? ¿Y Jesús no es el tesoro más grande del mundo? La isla del tesoro no está muy lejana, no necesitamos viajar a países lejanos y desconocidos. Jesús está muy cerca, en el sagrario de nuestras iglesias, pero hay que tener fe para verlo con los ojos del alma, con los ojos de la fe.

Jesús Eucaristía es el Rey de reyes y Señor de los señores, el Rey del universo, el Señor de la historia, el amigo de los hombres, el hijo de María, el niño de Belén, el Salvador del mundo, que se ha quedado junto a nosotros para ser nuestro compañero de camino y para que podamos acudir a Él fácilmente, cuando tengamos necesidad. Y nos sigue esperando para sanarnos, bendecirnos, alegrarnos y darnos su amor y paz. Su consultorio es el sagrario. Él es el mejor médico, siquiatra y sicólogo del mundo. Atiende gratis las 24 horas de cada día y no necesitamos sacar cita para ser recibidos por Él. Además, Él lo sabe todo y sabe cuáles son nuestros males y necesidades antes de que se las digamos. Él nos espera. ¿Hasta cuándo? ¿Somos tan ricos que no necesitamos de su amor? Dice Jesús: “Donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón” (Mt 6, 21). ¿Cuál es nuestro tesoro más importante? ¿Qué buscamos con más ansiedad y deseo en nuestra vida? ¿Es Jesús? Pues en la Eucaristía lo encontraremos. ¿Y qué tesoro podemos desear que sea mejor y más importante que el mismo Jesús?

EL DIOS OLVIDADO

Jesús no ha querido estar entre nosotros solamente por 33 años, sino que ha querido vivir permanentemente con nosotros. Por eso, nos prometió: Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28, 20). Pero ¡qué tristeza! Dios vive entre nosotros como un amigo, como un hermano, y la inmensa mayoría de la humanidad ni se entera. Ésta es la más grande ignorancia de la humanidad. Incluso entre los católicos y ortodoxos, que debemos creer en su presencia real, ¿cuántos realmente lo creen? Por ello, cada uno de nosotros debe ser un apóstol de la Eucaristía y decir a todo el mundo: Jesús está aquí y te espera. Él es tu Dios, no lo dejes abandonado.

Deberíamos ser como la lamparita del sagrario, que humilde y silenciosa, está diciendo a todos los que vienen a la iglesia: Aquí está Jesús, aquí está tu Dios. Pero ¿lo creemos de verdad? y ¿por qué no venimos más seguido a visitarlo, a adorarlo y a demostrarle nuestro amor? ¡Cuántas bendiciones nos perdemos, por ignorar que Él es la fuente de toda bendición!

Jesús Eucaristía es el Dios olvidado. Él nos espera sin cansarse día y noche y ¡qué pocos vienen a visitarlo! El mundo está en tinieblas, pero prefieren ir a los brujos y curanderos o buscar la felicidad en las cosas de la tierra en vez de buscar a Jesús, y Él sigue esperando sin cansarse. Él te está esperando también a ti con los brazos abiertos, porque quiere ser tu amigo. Ábrele las puertas de tu corazón y déjalo entrar para que te dé su amor y paz. No lo dejes abandonado, visítalo y disfrutarás de una paz inmensa que sólo Él puede darte. Recuerda que te está diciendo en el Evangelio: No tengas miedo, solamente confía en Mí (Mc 5, 36). Venid a Mí los que estáis en problemas que yo os aliviaré y daré descanso para vuestras almas (Mt 11, 28).

CRISTO ES MI VIDA

Estas palabras de san Pablo (Filipenses 1, 21) deberían ser también para nosotros el lema fundamental y la aspiración constante de nuestra vida. Ahora bien, Cristo vivo y resucitado está solamente en el cielo con su cuerpo glorificado (el mismo cuerpo con el que nació en Belén y murió en la cruz) y en la Eucaristía, donde está realmente presente con su cuerpo, sangre, alma y divinidad. Por tanto, nuestra vida y la de todo fiel cristiano debe estar centrada en Cristo Eucaristía. La Eucaristía debe constituir por encima de todo otro amor humano o de cualquier otro interés, el centro vital de nuestra existencia. De ahí que sea, no sólo importante, sino imprescindible para un católico, el centrar su mirada y su vida en la Eucaristía, recibiéndolo en la comunión, a ser posible, todos los días.

Y, en caso de no poder ir a la iglesia por enfermedad o motivos de fuerza mayor, deberíamos centrar la mirada en el sagrario más cercano y visitar a Jesús, adorarlo y recibirlo, al menos, en comunión espiritual.

Deberíamos decir como aquellos 49 cristianos de Abitene (cerca de Túnez) del año 304: Sin la misa del domingo no podemos vivir. Sin Jesús Eucaristía no podían vivir y, por eso, fueron capaces de arriesgar la vida y morir mártires. O tener la fe de aquellos católicos de una de las islas del Pacífico, que se reunían cada domingo en la playa para adorar a Jesús Eucaristía, presente a 5.000 kilómetros de distancia en las iglesias de Tahití. O como aquellos campesinos de un pueblo de la Sierra del Perú, cuyo catequista, los animaba cada domingo para adorar a Jesús, que había estado presente en aquella misma capilla hacía 20 años, cuando se había celebrado la última misa.

¡Ojalá que la Eucaristía sea para nosotros el punto central de nuestra existencia! Que podamos decir como san Pablo: Cristo es mi vida (Fil 1, 21). Que no podamos vivir sin su presencia eucarística. De modo que también digamos como san Pablo: Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí (Gal 2, 20).

CRISTO, PAN DE VIDA

Jesús nos dice: Yo soy el pan de vida... Yo soy el pan vivo bajado del cielo..., el que come este pan vivirá para siempre (Jn 6, 48.51.58). Jesús es el pan de vida, el pan para la vida, el pan que necesitamos en este mundo para vivir en abundancia la vida de Dios. Por eso, además de adorarlo y contemplarlo en la Eucaristía, debemos comerlo, es decir, comulgar. La máxima unión posible entre Dios y el hombre se da en el momento de la comunión. Dios y el hombre, el Creador y la pobre criatura, se hacen una sola cosa. El hombre queda absorbido por su Dios en un abrazo de amor. Esto se da de modo más pleno y permanente, cuando se llega al matrimonio espiritual. Entonces, el abrazo del Dios uno y trino, con el pobre ser humano es permanente, siendo signo de la unión total y definitiva que tendremos con Él en el cielo por toda la eternidad.

Esta unión con Dios debemos vivirla lo más intensamente posible en los momentos íntimos de la comunión eucarística, deseando que esta unión sea total y permanente: viviendo cada día en esa tensión de querer unirnos más y más a Dios por medio de Jesús, asistiendo a misa, visitando a Jesús en la Eucaristía, adorándolo, contemplándolo y recibiéndolo en la comunión. De esta manera, la Eucaristía será para nosotros fuente de vida y de unión con Dios por medio de Jesús. Por eso, la Eucaristía debe ser para nosotros el pan de vida y el alimento del alma.

CRISTO, SOL DIVINO

Cristo Jesús dice en el Evangelio: Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8, 12). Jesús es el sol que calienta con sus rayos divinos a este mundo frío y alejado de su amor por el pecado. Él es el sol de justicia que trae la salud en sus rayos (Mal 4, 20). Por eso, con frecuencia, para manifestar su presencia real en la Eucaristía, se presenta por medio de luces sobrenaturales.

Dice santa Ángela de Foligno: A veces, veo la hostia con un resplandor y una belleza muy grandes, más que si fuese el resplandor del sol. Por esa belleza, comprendo con certeza que estoy viendo a Dios sin ninguna duda... En la hostia aparece una belleza más hermosa y más grande que la del sol... En ocasiones, veo en la hostia dos ojos luminosísimos tan grandes que de la hostia sólo parecen quedar los bordes. Una vez, me fueron mostrados esos ojos y disfruté de tanta belleza y de tanto deleite que jamás podré olvidarlo por el resto de mi vida... Jesús resplandecía de belleza y de gracia y parecía un niño de doce años. Me sentía tan colmada de alegría que creo que no me olvidaré de ella por toda la eternidad. Y me comunicó tal certeza que no puedo dudar de nada y de ninguna manera. Todo mi gozo consistió en la contemplación de esa belleza inestimable.

Santa Faustina Kowalska, la mensajera del Señor de la misericordia, nos dice: He visto el sol que salía del Santísimo Sacramento y han quedado ofuscadas las otras luces y todos tenían los ojos vueltos hacia aquella luz. Hoy, cuando el capellán ha traído a Jesús en la comunión, ha salido una luz de la hostia que con su rayo ha golpeado mi corazón, colmándome de un gran fuego de amor. De pronto, he visto que de la santa hostia salieron dos rayos como están pintados en la imagen y se esparcieron por el mundo entero. Esto ha sucedido en un momento, pero ha sido, como si hubiese durado todo el día.

Santa Micaela del Santísimo Sacramento dice en su Autobiografía: Me hizo ver el Señor las gracias especiales que, desde los sagrarios, derrama sobre la tierra y, además, sobre cada individuo según la disposición de cada uno... Yo vi salir como un humo del sagrario, muy brillante y claro, a modo de la claridad de la luna que subía hasta por encima de las casas y participaban de esta luz más o menos, aun desde ellas.

Yo vi una escala de influencia de pueblos a pueblos y ciudades hasta llegar a sus iglesias o sagrarios y, hasta cuando le sacan para los enfermos, va como derramando perlas preciosas de beneficios; y, si se viera, correría la gente para aspirar aquel ambiente que el Señor deja tan embalsamado en el aire. Sí, yo vi sin que me quede duda, el torrente de gracias que el Señor derrama en el que lo recibe con fe y amor, como si derramara piedras preciosas de todos los colores. Vi cómo queda uno bañado y envuelto en aquel humo luciente y brillante de gracia, que no se me borra esta impresión del corazón
.

Monseñor Josefino Ramírez dice: Una tarde visité la capilla de las hermanas en Las Piñas y se encontraba allí una santa mujer de nombre Hilda Walstrum, orando de rodillas, sollozando silenciosamente. Al preguntarle si le pasaba algo, me respondió que sus lágrimas eran lágrimas de gozo. Había asistido a la misa y, durante la elevación, vio que la sagrada hostia se transformaba en un apasionado corazón, destellando rayos luminosos. Uno de esos rayos, llegó a su corazón. Me comentó que, en ese solo instante, había experimentado más amor del que jamás alguien podría experimentar, aun si viviese mil años. Lo mismo sucedió a la hermana Inés, de Akita en Japón. Ella fue a la capilla de su convento a orar y vio que una luz deslumbrante salía del Santísimo Sacramento. Llena de amor divino, cayó al suelo. Por horas nadie podía moverla. Veinte años después, el solo recuerdo de esta experiencia le hacía caer en éxtasis.

Personalmente, tuve una larga conversación con el obispo Ito de Akita, quien me dijo que estuvo presente en la capilla y podía dar testimonio de la luz gloriosa que el Santísimo Sacramento irradiaba. Esto sucedió en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús en 1973 y duró tres días
.

El padre Roberto DeGrandis relata un suceso extraordinario sobre el poder de la Eucaristía y su luz divina: Recuerdo la historia de un hombre que se hizo sacerdote a los cincuenta años, después de haber sido científico investigador de la NASA y trabajar con una cámara que podía calibrar el aura de luz alrededor de un cuerpo humano. Creo que se llama fotografía Kirlian. El interés de la NASA estaba en poder identificar y supervisar el aura de los astronautas en órbita y determinar lo que les pasaba internamente. Encontraron que las personas agonizantes tienen un aura muy delgada como la luz azul, la cual se va poniendo más y más débil hasta que la persona muere.

El científico y su ayudante estaban un día en un hospital, supervisando el aura de un hombre agonizante. Mientras lo observaban, entró otro hombre en la habitación y llenó la habitación de una luz, que emanaba de su bolsillo. El hombre sacó algo que ocasionó que la cámara se inundara de luz hasta el punto de que ellos fueron incapaces de ver lo que estaba pasando. Fueron a ver y descubrieron que aquel hombre estaba dando la comunión al agonizante. Ellos, entonces, observaron en su cámara que, cuando el agonizante recibió la comunión, su aura empezó a crecer y hacerse más fuerte.

Este científico supo que había un poder superior, dejó su trabajo, y se hizo sacerdote católico
.

Ciertamente, Cristo es la luz del mundo, que ilumina nuestro camino y nos da su amor y paz. Por eso, si somos sabios e inteligentes para comprender lo que significa que Jesús mismo nos espera en la Eucaristía, nuestra alma brillará, pues Dios mismo nos dice que los sabios brillarán con el esplendor del firmamento (Dan 12, 3). Y para los santos brilla una espléndida luz (Sap 18, 1). Esto le pasó a Moisés. Dios hablaba a Moisés cara a cara como habla un hombre con su amigo (Ex 33, 11). Y, después de haber estado 40 días y 40 noches con Dios en el monte Sinaí, recibiendo los mandamientos de la ley de Dios, su faz se había hecho radiante por haber estado hablando con Dios. Aarón y todos los hijos de Israel, al ver cómo resplandecía la faz de Moisés, tuvieron miedo de acercarse a él (Ex 34, 29-30). Por eso, si nosotros nos acercamos a Jesús Eucaristía para recibir los rayos de luz y amor que salen del sagrario, saldremos radiantes, con la alegría de Dios en el corazón. Así nos lo promete Él mismo al decir: Contemplad al Señor y quedaréis radiantes (Sal 33, 6).

SER ESTRELLAS

Cada uno de nosotros está llamado a reflejar la luz de Jesús Eucaristía a todos los hombres. Debemos ser estrellas de luz, que guía a los hombres a Jesús como la estrella de Belén. Ser estrella es ser luz en la noche del mundo, para iluminar a los desorientados a encontrar el camino perdido y así saber descubrir la razón de su existir. El cristiano debe ser luz, estrella, faro, antorcha de fuego. Todo esto y mucho más debe ser el cristiano, que ama a Cristo con todo su corazón y no puede permitir que los demás no lo conozcan ni lo amen.

Jesús Eucaristía nos ama y nos espera cada día en el sagrario de nuestras iglesias. Él es el amigo divino que está allí esperándonos por amor. Y, sin embargo, ¡cuántos cristianos, como los discípulos de Emaús, pasan a su lado, e, incluso, van a la iglesia y no lo descubren! Jesús está siempre buscando amigos, se hace el encontradizo como en el camino de Emaús, y la mayoría no lo reconoce ni siquiera en la Eucaristía.

¡Si la gente supiera y creyera que Jesús, el Dios creador de cuanto existe, el Redentor del género humano, los está esperando con amor! ¡Si creyeran que Jesús los ama con amor divino y desea derramar sobre ellos sus abundantes bendiciones! ¿Acaso no tienen problemas que solucionar o enfermedades que curar o dudas que resolver? Ahí está Jesús, el amigo que nunca falla y siempre los espera para ayudarles en sus problemas y hacerlos felices. Él los mira con ternura desde el sagrario de la iglesia y ellos pasan junto a él aburridos por tantos problemas y ni siquiera se les ocurre entrar para pedir ayuda o agradecer los dones recibidos. ¿Acaso no tienen nada que pedir o nada que agradecer?

Seamos estrellas de luz, lamparitas del sagrario que indican el camino a Jesús. No importa lo que digan o no digan los demás, vale la pena amar a Jesús Eucaristía y hacerlo amar de todos los hombres, indicándoles el camino hacia el sagrario.

EL SAGRARIO

El amor de Jesús se proyecta desde el sagrario sobre todos los que vienen con fe a visitarlo. Su amor es como un soplo de brisa fresca en las horas de intenso calor, como un rayo de luz en los días fríos de invierno del alma. Del sagrario sale una luz poderosa que ilumina nuestra vida para ver el camino que debemos seguir, eliminando así las tinieblas y las dudas.

El amor de Jesús Eucaristía no tiene comparación con nada de este mundo. Podemos juntar en una caricia todos los cariños de los padres a sus hijos, todos los besos que han brotado de los labios de las madres para sus hijos a lo largo de los siglos, o todo el fuego de amor de todos los corazones amantes que han existido en la tierra. Y todo ello no será ni una sombra de todo lo que nos ama Jesús. Jesús, en el sagrario, tiene un corazón que palpita de amor por nosotros, tiene ojos que nos miran con amor y tiene oídos para oír nuestras súplicas. ¡No lo dejemos abandonado! ¡No nos perdamos tantas bendiciones que tiene reservadas para nosotros!

Cuando entres a una iglesia y veas la luz parpadeante de la lámpara, piensa que allí está Jesús, tu Dios, esperándote. En la hostia santa está el milagro más grande del mundo, un milagro que la mente humana no puede comprender, porque es un milagro de amor. Él te sigue esperando desde hace dos mil años, escondido en la hostia, pequeño, invisible, pero el mismo Jesús de Nazaret. Acércate a Él con amor y devoción como los pastores, como los magos, como lo hicieron María y José aquel día de Navidad. Después de la misa y comunión, la mejor receta que puedo darte para que soluciones tus problemas es: ¡Diez minutos de sagrario cada día!

Cuando necesites a Jesús, búscalo en el sagrario de nuestras iglesias, míralo a los ojos, ten sed de no perderlo de vista, ten sed de quedarte a sus pies, ten sed de amarlo con todo tu corazón. No te canses de amarlo día y noche. A todas horas, levanta tu mirada hacia el sagrario más cercano. Allí está tu amigo Jesús. Allí está el Amor y la Vida. Allí está la Salud y la Paz. Allí está tu Dios. ¡Cuántos secretos de amor se encierran allí! ¡Cuánta luz sale del sagrario! Jesús Eucaristía debe ser el centro de tu vida, el amigo más querido, el tesoro más preciado. En Él encontrarás la ternura de Dios.

Mira a Jesús en el sagrario y déjate amar por Él. Vete cada día a visitarlo. Allí aprenderás más que en los libros. Escucha su Palabra como la Magdalena, que estaba a los pies de Jesús. Pon en sus manos tus problemas y necesidades. Háblale de tu vida, de los tuyos, del mundo entero, pues todo le interesa. Y sentirás una paz inmensa que nada ni nadie podrá darte jamás. Él sosegará tu ánimo y te dará fuerzas para seguir viviendo. Él te dirá como a Jairo: No tengas miedo, solamente confía en Mí (Mc 5, 36).

¡Qué benditos momentos los pasados junto a Jesús Eucaristía! ¡Cómo ayudan a crecer espiritualmente! Es algo sublime que no se puede explicar. No te pierdas tantos tesoros. No digas que no tienes tiempo. Aunque sea unos momentos, no dejes de entrar, cuando pases delante de una iglesia y, si está cerrada, dirígele desde fuera unas palabras de amor. Dile que lo amas y salúdalo con una sonrisa.

En el sagrario hay vida, está la fuente de la vida, hay corrientes de vida, manantiales de vida, hogueras misteriosas de vida. Allí está Jesús, el Dios de la vida. Allí recibirás las inmensas riquezas de un Dios Omnipotente, que quiere ser tu amigo y servirse de ti para salvar a tus hermanos.

El Papa Juan Pablo II decía: Jesús Eucaristía es el corazón palpitante de la Iglesia. Por eso, ir todos los días al sagrario es como ir a un mundo de infinitas maravillas, pues te encontrarás con Jesús, el Dios Amor, el Dios de las maravillas y de las divinas sorpresas. Cada día tendrá un regalo especial para ti, aunque no te des cuenta de cuál es. Pero, sin duda alguna, cada día recibirás inmensas bendiciones, que no hubieras recibido de haber faltado a la cita con Jesús.

Marta dijo a su hermana María: El Maestro está ahí y te llama (Jn 11, 28). Sí, Jesús está esperándote todos los días y todas las noches. ¿No tendrás al menos cinco minutos cada día para ir a visitarlo? ¡Qué solo se encuentra Jesús en tantos sagrarios del mundo, donde se pasa horas y horas sin que nadie lo visite! ¡Qué pocos se dan cuenta del enorme deseo que tiene de ser visitado y amado en este Santísimo Sacramento del altar!

Por eso, aunque escasee el tiempo, aunque solo dispongas de unos minutos, no dejes de entrar cada día a visitar a Jesús. Y, si algún día no puedes, suple tu visita con amor; porque Jesús, desde el sagrario, te está preguntando como a Pedro (Jn 21, 15-17): ¿Me amas?

Cuantas más veces visites a Jesús sacramentado, más robusta estará tu alma. ¡Qué momentos tan sublimes serán los que pases delante de Jesús! La luz roja de la lámpara parpadea como si fuera un corazón que late de amor por Jesús. Ofrécele toda tu vida y tu amor y déjate bañar por sus benditos rayos de luz y de amor invisibles, pero reales.

Lo que es el sol para la vida física eso es el sol de la Eucaristía para la vida espiritual. El Papa Benedicto XVI, siendo cardenal, decía: Dios nos espera en Jesucristo, presente en el santo sacramento. ¡No le hagamos esperar en vano! No pasemos de largo... Tomémonos algún tiempo durante la semana, entremos al pasar y permanezcamos un momento ante el Señor que está tan cerca. Nuestras iglesias no deberían ser durante el día casas muertas, que están ahí vacías y, aparentemente, sin ninguna finalidad. Siempre sale de dentro de ellas una invitación de Jesucristo. Lo más hermoso de las iglesias católicas es, justamente, que en ellas siempre hay liturgia, porque en ellas siempre permanece la presencia eucarística del Señor.

El sagrario es, en una palabra, la locura de un Dios omnipotente que ha querido vivir entre los hombres con un corazón humano. Y Jesús te sigue diciendo desde el sagrario: Dame, hijo mío, tu corazón y que tus ojos hallen deleite en mis caminos (Prov 23, 26). Jesús no necesita cosas materiales, Jesús sólo busca tu cariño y tu amor. ¡Cuán consoladores y suaves son los momentos pasados con este Dios de bondad! ¿Estás dominado por la tristeza? Ven un momento a echarte a sus plantas y quedarás consolado. ¿Eres despreciado del mundo? Ven aquí y hallarás un amigo, que jamás quebrantará la fidelidad. ¿Te sientes tentado? Aquí es donde vas a hallar las armas más seguras y terribles para vencer al enemigo. ¿Temes el juicio de Dios? ¿Estás oprimido por la pobreza? Ven aquí, donde hallarás a un Dios inmensamente rico, que te dirá que todos sus bienes son tuyos. ¡Cuántos, en el silencio del sagrario, han encontrado la fe perdida! ¡Cuántos han regresado a la fe católica abandonada!

En tu sagrario, Señor, hay plenitud de vida. ¿Qué haces ahí solitario tantos días y tantas noches? ¿Esperándome? ¿Tanto me quieres? Señor, yo te amo y quiero amarte con todo mi ser. Te ofrezco mi amor, con todos los besos y flores de mi corazón.

EL CIELO EN LA TIERRA

Siempre suele decirse que la misa es el cielo en la tierra. En el momento de la consagración de la misa, Jesús se hace presente en el pan y en el vino con su cuerpo, sangre, alma y divinidad. En ese preciso momento, el cielo viene a la tierra y todos los santos y ángeles se hacen presentes para adorar a Jesús. También se hacen presentes las almas del purgatorio, pues en cada misa se ora por ellas; y lo mismo digamos de cada hombre de la tierra, por quienes también se ora. Pero la misa no sólo abarca a los seres humanos, también llega hasta el último rincón del universo y llega a todos los hombres de todos los tiempos, pues la misa es cósmica y universal; abarca a todo lo que existe, incluidos los ángeles, presentes en cada misa.

En la misa Jesús reconcilia consigo todas las cosas, así del cielo como de la tierra (Col 1, 20). Jesús asume y ofrece consigo todo lo que existe y, con el poder del Espíritu Santo y en unión con María, lo ofrece al Padre en cada misa. Y esto lo hace, no de modo transitorio, mientras dura esta misa celebrada por un sacerdote, sino de modo permanente, porque la misa de Jesús es permanente. De ahí que, en realidad, no existe más que una sola misa: la misa de Jesús. Las demás misas, celebradas por los sacerdotes, solamente son episodios concretos o actualizaciones concretas de la gran misa que Jesús celebra permanentemente, ofreciéndose sin tregua al Padre por la salvación del mundo. Y esta salvación alcanza también a la Creación. Porque la Creación está esperando ansiosa la manifestación de los hijos de Dios..., y las criaturas serán liberadas de la corrupción para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios, pues sabemos que, hasta ahora, la Creación entera gime y siente dolores de parto (Rom 8, 19-20). Entonces, habrá un nuevo cielo y una nueva tierra, pues el primer cielo y la primera tierra habrán desaparecido (Ap 21, 5).

Ahora bien, Jesús celebra su misa, su única misa, en cualquier lugar donde se encuentre presente. Esto quiere decir que en cada hostia consagrada que se encuentre en el mundo, allí está presente Jesús celebrando su misa, es decir, ofreciéndose con toda la humanidad, y todos los ángeles y toda la Creación, por la salvación del mundo. Esto significa que cada hostia consagrada es como el cielo en la tierra y, de alguna manera, el centro del universo. Y cada hostia santa, cada sagrario o custodia, donde está Expuesto el Santísimo, irradia al mundo entero infinidad de bendiciones de luz, amor y alegría. Por eso, adoremos a Jesús Eucaristía y unámonos a su misa permanente, uniéndonos a Él y ofreciéndonos con Él por la salvación del mundo. Y así, al unirnos a Jesús, nos estaremos uniendo al universo entero, haciendo de nuestra vida una misa continua con Jesús y uniendo nuestro amor al de toda la Creación para gloria de Dios.

Que la misa y la comunión de cada día sea para ti el medio para hacer realidad esta unión con Jesús y con todo el universo. Y que tu vida, al ser UNA con Jesús, sea también un cielo en la tierra, derramando sobre todos los que te rodean oleadas de luz, amor y paz.

Haz de tu vida
un cielo en la tierra
para los demás.

LA HORA SANTA

Adorar a Jesús en horas santas nos trae el cielo a nuestra alma, es decir, nos proporciona inmensas bendiciones. El valor de una sola hora de adoración ante Jesús sacramentado es incalculable; pero, a veces, no somos conscientes de ello. Nos puede pasar como a aquella familia que heredó una casa de un familiar. En la casa había una pintura antigua, que representaba una maceta y, al hacer la limpieza, pensaron en tirarla a la basura. Felizmente, estaba allí un amigo y les pidió que se la dieran para que la examinaran en el museo, donde él trabajaba. Y resultó que era una copia original de Van Gogh, el gran pintor holandés, y el valor de la pintura era de varios millones de dólares. ¡No sabían el tesoro que tenían en casa y lo iban a tirar! Muchos católicos no conocen lo que tienen y hasta lo tiran, al pasarse a otras sectas, donde jamás podrán tener la presencia viva y real de Jesús Eucaristía.

Tú procura aprovechar tu tiempo disponible para visitar a Jesús y, si es posible, adorarlo, al menos una hora cada día.
Personalmente, hace veinte años decidí hacer todos los días una hora santa de adoración ante Jesús sacramentado y creo que ha sido una de las decisiones más positivas de mi vida. ¡Ojalá que todos nos comprometamos, al menos, con media hora diaria ante Jesús sacramentado! ¡O con una hora de adoración a distancia, desde nuestra casa, si nos es muy difícil o imposible ir a la iglesia todos los días! ¡O, al menos, una hora santa de adoración cada semana como mínimo!

El padre Roberto DeGrandis nos dice: Hace poco una mujer compartió conmigo su vida y me dijo que había sufrido mucho y que la única paz que había sentido en esos momentos, la había encontrado en la hora diaria que ella pasaba ante el Santísimo Sacramento. Ése era un lugar de curación para ella. Yo pienso que eso fue algo muy cierto. Hay una tremenda curación con sólo estar en la iglesia rodeados de la paz del Señor.

Otra mujer me dijo que, cuando tenía 29 años, pensó que se iba a volver loca, porque estaba pasando una menopausia anticipada. Emocionalmente, le estaban sucediendo todas las cosas posibles. Ella también sentía que debía ir a la iglesia todos los días y estar allí una hora santa en oración; y me dijo: “Usted sabe, hay muy pocas cosas que no puedan ser curadas, estando una hora todos los días ante el Santísimo Sacramento”.

El beato Damián de Molokai organizó en la isla de los leprosos la adoración perpetua en su capilla y allí se pasaba muchas horas en adoración ante Jesús, ofreciéndole todo su amor por aquellos leprosos, que tanto lo necesitaban. Un día llegó un voluntario para ayudarlo en su tarea. Era un hombre bueno, que estaba buscando un sentido para su vida. Se llamaba Dutton y venía de USA. Un día, Dutton necesitaba consultar algunas cosas con el Padre Damián y no lo encontraba por ninguna parte. Por fin, lo encontró en la capilla. El Padre Damián se veía como transformado de amor y sus ojos brillaban de felicidad. A Dutton le impresionó tanto esa actitud y ese amor ante Jesús sacramentado, que se convirtió al catolicismo y siguió ayudando a los leprosos. Hoy está abierta la causa de su beatificación. El beato Damián decía: Sin mi hora santa diaria en presencia de Jesús sacramentado, no hubiera sido capaz de quedarme en este lugar ni un solo día.

San Pedro Julián Eymard insistía: Hay que considerar la hora de adoración como una hora de paraíso. Vayan a ella como si fuesen al cielo, como a un banquete divino.

San Juan María Vianney vio en una ocasión con sus propios ojos cómo Jesús tomaba con cariño en sus manos la cara de cada persona que lo visitaba en el Santísimo Sacramento y le daba un tierno beso de amor y agradecimiento. Como si quisiera cumplir lo que dice Oseas: Con cuerdas humanas, con lazos de amor los atraía… Era para ellos como quien alza a un niño contra su mejilla y se baja para darle de comer (Os 11, 4).

La beata Madre Teresa de Calcuta, cuando le preguntaban qué era lo que convertiría al mundo, decía sin dudar: la oración. Y añadía: En cada parroquia es preciso orar delante del Santísimo Sacramento en horas santas de adoración... En el capítulo general que tuvimos en 1973, las hermanas pidieron que la adoración al Santísimo, que teníamos una vez por semana, la tuviéramos cada día, a pesar del enorme trabajo que pesaba sobre ellas. Esta intensidad de oración ante el Santísimo ha aportado un gran cambio en nuestra Congregación. Hemos experimentado que nuestro amor a Jesús es más grande, nuestro amor de unas a otras es más comprensivo y nosotras tenemos el doble de vocaciones.

El Papa Juan Pablo II en el 45 Congreso eucarístico internacional de Sevilla, de 1993, dijo: Espero que el fruto de este Congreso sea el establecimiento de una adoración eucarística perpetua en todas las parroquias y comunidades cristianas del mundo entero.

Y en la Instrucción Redemptionis sacramentum escribía: Es muy recomendable que en las ciudades o en los núcleos urbanos, al menos en los mayores, el obispo diocesano designe una iglesia para la adoración perpetua, en la cual se celebre también la santa misa con frecuencia o, en cuanto sea posible, diariamente... El obispo diocesano reconozca y, en la medida de lo posible, aliente a los fieles en su derecho de constituir hermandades o asociaciones para practicar la adoración, incluso perpetua.

El Ordinario promueva intensamente la adoración eucarística con asistencia del pueblo, ya sea breve, prolongada o perpetua. En los últimos años, de hecho, en tantos lugares, la adoración del Santísimo Sacramento tiene cotidianamente una importancia destacada y se convierte en fuente inagotable de santidad.

El Papa Benedicto XVI, el 9 de noviembre del 2006, propuso a la Iglesia el descubrimiento de la adoración eucarística perpetua, al encontrarse con los participantes en la Asamblea plenaria del Comité pontificio para los Congresos eucarísticos internacionales, que preparaban el Congreso eucarístico internacional de Québec (Canadá) de junio del 2008.

Y en la exhortación apostólica Sacramento de amor nos dice: La adoración eucarística no es sino la continuación obvia de la celebración eucarística, la cual es en sí misma el acto más grande de adoración de la Iglesia. Recibir la Eucaristía significa adorar al que recibimos. La adoración fuera de la misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica. Recomiendo ardientemente a los Pastores de la Iglesia y al pueblo de Dios la práctica de la adoración eucarística tanto personal como comunitaria. A este respecto, será de gran ayuda una catequesis adecuada en la que se explique a los fieles la importancia de este acto de culto que permite vivir más profundamente y con mayor fruto la celebración litúrgica. Además, cuando sea posible, sobre todo en los lugares más poblados, será conveniente indicar las iglesias u oratorios que se pueden dedicar a la adoración perpetua.

ADORACIÓN PERPETUA

La adoración perpetua es el esfuerzo que Dios nos pide para derramar sobre la humanidad sus gracias extraordinarias.

Desde una capilla de adoración perpetua, Jesús Eucaristía irradia luces de amor a todo el mundo, especialmente a los más cercanos, espantando a los demonios y creando un clima de paz. La capilla de adoración perpetua es una fuente inmensa de bendiciones, no sólo para la parroquia sino para todo el mundo. ¡Cómo sería de desear que en todas las parroquias del mundo hubiera pequeñas capillas de adoración perpetua, las veinticuatro horas del día, a Jesús sacramentado! ¡Capillas acogedoras, con mucha luz, con muchas flores, con mucho amor, donde los fieles pudieran acercarse a cualquier hora del día o de la noche para visitar al amigo Jesús!

La importancia de una capilla de adoración perpetua va más allá de nuestra capacidad de comprensión. Por eso, san Maximiliano Kolbe fomentó la adoración al Santísimo Sacramento como la actividad más importante de su apostolado. Él soñaba con tener al Señor Jesús expuesto en la custodia día y noche en la capilla de Niepokalanow (Polonia). En 1938 declaró: Mi objetivo es instaurar la adoración perpetua. Cuando nos acercamos a la capilla, adquirimos para nosotros y para los demás muchas gracias, especialmente, si dedicamos el día entero a la adoración al Santísimo Sacramento.

El Papa Juan Pablo II dio ejemplo al inaugurar una capilla de adoración perpetua en el Vaticano el 2 de diciembre de 1981. Ya en muchos lugares han comenzado, al menos a tener adoración durante las horas del día, y van creciendo los lugares donde también hay algunos días de adoración nocturna, toda la noche.

Algunos sacerdotes han encontrado la manera de establecer una capilla de adoración, incluso ofreciendo sus habitaciones personales. Otros han acomodado el Despacho parroquial o algunas oficinas parroquiales... Lo importante es buscar un lugar donde la gente pueda tener fácil acceso y que dé a la calle, para poder acercarse fácilmente a adorar a Jesús.

El Padre Martín Lucía, sacerdote norteamericano, misionero de la adoración perpetua y fundador de la Sociedad misionera apostólica Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, va por todo el mundo con sus misioneros, promoviendo en todas partes la adoración perpetua. Él dice: Sepan que cada minuto que le regalan a Jesús en adoración, Él lo toma y lo bendice y derrama sobre el mundo bendiciones inmensas… Conozco hombres que vienen a saludar a Jesús de madrugada, antes de comenzar su trabajo. Hay señoras, que cambian su itinerario al ir a hacer las compras y pasan por la capilla para adorar unos momentos a Jesús. Hay novios que acompañan a sus novias en su turno de adoración… Debemos formar una cadena inquebrantable de amor a Jesús, para que nunca esté solo, y las capillas estén abiertas las 24 horas del día, todos los días del año, para que quien lo desee pueda ir a visitar a Jesús a cualquier hora del día o de la noche. Una capilla de adoración perpetua es como un faro de luz en la noche del mundo y hay que hacer todo lo posible para que el mundo esté lleno de luces.

Para ello, hay que comprometer a cada católico consciente a que dedique, al menos, una hora semanal con compromiso (tal hora concreta) para visitar a Jesús sacramentado. De este modo, entre todos se pueden completar las 24 horas del día y hacer todos unidos una adoración perpetua. Una hora a la semana no es mucho pedir, pues Jesús nos podría decir como a los apóstoles: ¿No habéis podido velar una hora conmigo? (Mt 26, 40).

La experiencia, recogida de muchas partes del mundo, indica las innumerables gracias recibidas por las parroquias, las familias y personas que cumplen sus turnos de adoración en horas santas, al menos, semanales. El Padre Justo Antonio Lofeudo cuenta que en México, visitando las familias para comprometerlas a la hora santa se encontró con una señora divorciada, dentista, profesora universitaria, con mucho trabajo, y que decía no tener tiempo ni para ir a misa los domingos; pero se comprometió una hora a la semana. Se anotó los domingos de 10 a 11 de la noche. Un tiempo más tarde, le envió una tarjeta de agradecimiento y le decía que, normalmente, estaba una hora y media o más, pues se sentía como enamorada de Jesús y cada domingo, cuando llegaba la hora de la cita con el Señor, el corazón le latía de emoción.

Cuenta también el caso de un camionero al que no le gustaba ir a la iglesia, pero aceptó sustituir durante dos semanas, en la hora santa semanal, a su cuñada, que debía viajar. Cumplió su compromiso y, después, se fue a anotar él mismo a la parroquia, porque decía: No sé, no puedo explicarlo, pero ahí he sentido una paz que nunca antes había conocido.

El Padre Martín Lucía y sus misioneros tienen como misión abrir capillas de adoración perpetua en todo el mundo. Y han abierto capillas en lugares de mayoría musulmana como Pakistán, Kazakistán, e, incluso, en el mismo Moscú. En Corea del Sur estas capillas son muy numerosas. En Filipinas hay, al menos, 500 capillas con adoración perpetua.

El cardenal Vidal, arzobispo de Cebú, en Filipinas, decía: Yo admiro a los sacerdotes alrededor del mundo que han establecido la adoración perpetua en sus parroquias y a los obispos que la estimulan en sus diócesis. El único que no quisiera que Jesús sea adorado día y noche y que haría cualquier cosa por impedirlo es Satanás mismo. La adoración perpetua al Santísimo es la solución a nuestros problemas de disminución de vocaciones, de desintegración familiar y de abandono de la fe de muchos de nuestros hermanos.

Un día, estaba el santo Padre Juan Pablo II en una reunión en la basílica de santa Anastasia de Roma, con los sacerdotes de Roma. Entonces, el padre Alberto Pacini le dijo: Santo Padre, dentro de un mes vamos a comenzar en santa Anastasia la adoración perpetua al Santísimo Sacramento. En ese momento, el Papa saltó de su silla, levantó ambos brazos y, luego, comenzó a aplaudir. ¡Se sintió emocionado! ¡Ojalá que cunda el ejemplo por todas partes! ¡Las bendiciones que recibiremos serán inmensas, mucho más allá de lo que podamos pensar o imaginar! El mismo Dios, por boca de san Pablo, nos ha dicho que es poderoso para hacer que abundemos copiosamente (en bendiciones y gracias) mucho más de lo que podemos pedir o pensar (Ef 3, 20).

TESTIMONIOS

Monseñor Michele Placido Giordano, arcipreste de Mistretta, en Sicilia, decía en una entrevista el 13 de noviembre del 2006: La primera cosa que cualquier parroquia debería hacer es la adoración eucarística perpetua... Considero que lo primero que deben hacer las parroquias es enseñar a orar. Me quedaba asombrado cuando veía a los católicos que iban a las escuelas budistas de meditación. Entonces, reflexioné sobre esto y decidí impulsar la adoración eucarística todas las semanas y, una vez al mes, prolongarla hasta medianoche, hasta que decidimos hacer la adoración perpetua. Comenzamos el 13 de noviembre del 2004.

Lo importante es comenzar. Hubo un momento en que quería cerrar la televisión “TeleMistretta”, porque no era capaz de garantizar el presupuesto. Pero confiamos en el Señor y ya han pasado 16 años y los medios siempre han llegado. Hay que confiar. Nosotros hemos estructurado la adoración perpetua en cuatro fases horarias de seis horas; para cada hora hay un capitán de hora, que es el responsable y el que encuentra soluciones, cuando por diversos motivos falta alguien. Durante el día, la iglesia donde se lleva a cabo la adoración está casi siempre llena; durante la noche, la adoración tiene una atracción especial, es íntima y bellísima. Es una experiencia que aconsejo a todas las diócesis y a todas las parroquias.

Ahora publicaremos un libro con los testimonios de un año de adoración eucarística. Son muchísimas las gracias recibidas. Una chica había decidido abortar, decidimos rezar y la convencimos para que no lo hiciera. Este niño ha nacido y se llama Carlo. Ahora está sostenido junto a la mamá por el “Proyecto Gemma”. Al principio, Monseñor Ignazio Zambito, el obispo de Patti, nos pidió rezar por las vocaciones. Rezamos mucho y el Seminario de la diócesis de Patti, que tenía seis seminaristas, este año tiene otros nueve candidatos al sacerdocio. La adoración eucarística perpetua nos da alas para hacer muchas más cosas que antes. Ahora estamos a punto de relanzar la radio diocesana. La adoración es la raíz de una planta que, cuantas más oraciones tiene, más crece y se desarrolla. Nosotros debemos permitir a la raíz expandirse
.

Monseñor Charles Maung, arzobispo de Yangon y presidente de la conferencia episcopal de Myanmar decía: El Papa Juan Pablo II, en la inauguración de la capilla de adoración perpetua en la iglesia de san Pedro, en el Vaticano, el 2 de diciembre de 1981 rezó para que todas las parroquias del mundo tengan adoración eucarística perpetua. El Papa Benedicto XVI ha afirmado con mucha claridad: “Imploremos al Señor que despierte en nosotros la alegría de su presencia y podamos adorarle una vez más. Sin adoración no hay transformación del mundo”.

La Madre Teresa de Calcuta, cuando le preguntaron, qué es lo que salvará al mundo, respondió: “La oración. Necesitamos que cada parroquia se ponga ante el Señor Jesús en el Santísimo Sacramento en horas santas de adoración”. Más de 2.500 parroquias en el mundo tienen ahora adoración eucarística perpetua. Cerca de 500 en Filipinas; en Estados Unidos, las capillas para la adoración perpetua son cerca de 1.100; en Irlanda, alrededor de 150; en Corea del Sur, cerca de 70; y algo menos en India, Sri Lanka y Myanmar.

Si se pudieran instituir capillas de adoración perpetua en todas las diócesis del mundo y en todas las parroquias posibles, ¡qué magníficos resultados obtendríamos! Hasta que la Iglesia no grite fuerte que Jesús, en el Santísimo Sacramento, tiene que ser objeto de adoración perpetua por todo lo que ha hecho por nuestra salvación, seguirá siendo derrotada por sus enemigos. Creo que la mejor manera y la más eficaz de establecer la paz eternamente sobre la tierra es la de recurrir al gran poder de la adoración perpetua del Santísimo Sacramento
.

En la parroquia de Fiesso d´Artico (Italia) se comenzó la adoración perpetua con unas 200 personas que se habían comprometido a llenar los diferentes turnos. Se colocó un tablero para pedir que los fieles se comprometieran una hora a la semana y pronto se fue llenando. Comenzaron el 10 de marzo del 2002. Y se están viendo unos frutos maravillosos en la gente que viene a adorar a Jesús. Algunos hablan de gracias y milagros y todos están felices de esta importante experiencia. De modo que algunos dicen: Ahora no me reconozco de lo que era antes. Es impresionante ver, dice el párroco, que algunas personas, después de estar fuera de casa 10 horas o más entre el trabajo y los viajes, encuentran tiempo para pasar ante el Señor antes de llegar a su casa. Ahora el centro de la parroquia no es el párroco, sino Jesús. Él es el verdadero maestro, pastor y evangelizador.

En la parroquia de Lagaro (Bologna) comenzaron el 3 de abril del 2005 con la adoración eucarística perpetua. Allí se ven personas que antes estaban alejadas de la Iglesia y ahora vienen a la adoración. Las misas dominicales se viven ahora con más intensidad y fervor. Los que hacen la adoración de noche dicen haber descubierto una belleza especial en esas horas de silencio para el encuentro con el Señor. Incluso, se ven niños que vienen a adorar a Jesús durante el día, animados por sus catequistas.

En la parroquia de Santa María Goretti de Mestre, Stefano de 30 años que hace su adoración de las 3 a las 4 a.m., dice: Mi hora de adoración es la hora en que me descubro a mí mismo, porque delante de quien te ama con un amor eterno, no se tiene miedo de descubrir el verdadero rostro. Adorando a Jesús, he aprendido a aceptarme a mí mismo con mis limitaciones y mis debilidades, porque Él es más grande que todos mis pecados.

Daniel hace su hora de adoración de 4 a 5 a.m. en esa misma parroquia. Él es padre de tres niños y dice: Cada martes me encuentro con Jesús para hablarle y agradecerle, alabarlo y adorarlo. Mi vida se ha transformado desde que hago mi hora de adoración semanal; mi fe se ha fortalecido y vivo los momentos difíciles con más paz y amor.

En la parroquia de La Providencia de Monteverde (Roma) se comenzó la adoración perpetua el 15 de octubre del 2004. En la parroquia de san Sebastián de Thiene comenzó el 26 de enero del 2003. Allí se ve mucha gente en las horas antes de ir al trabajo y después del trabajo y, sobre todo, los sábados y domingos. Dicen algunos fieles: No sé qué pasa, pero algo se transforma en nosotros y nos da fuerza y disponibilidad para amar a los demás. Aquí venimos gente de toda clase social, unidos por el mismo Señor. Nos sentimos felices y agradecidos por nuestras horas de adoración.

En la parroquia de Cancelada (Málaga) comenzaron el 27 de enero del 2004. Ese día todos los feligreses se volcaron para adornar la capilla y los entornos. Convirtieron el patio en un jardín iluminado, lindo y bello, engalanado con los mil colores de tantas flores con las que querían acoger al Rey de Reyes y Señor de los Señores. Dice el párroco: Nuestra iglesia, la más pequeña y humilde de toda la Costa del Sol, abrió sus puertas, pero era insuficiente para acoger a todos.

El obispo de Málaga y el párroco comenzaron la primera hora de adoración con muchos otros fieles. Esta hora de adoración fue acompañada por breves reflexiones, cantos preciosos, música de órgano y silencios, que llenaron el corazón de los asistentes. El obispo escribió en el libro de oro de la adoración:

Una tarde del año 2004, un grupo numeroso de cristianos de la parroquia de Cancelada con su sacerdote al frente, pusieron sus ojos en el sagrario de la iglesia y señalando con el dedo, gritaron con fe firme: “Dios está aquí, venid adoradores, adoremos a Cristo Redentor”, y con fe viva se lo creyeron. Y así surgió una historia de amor apasionante entre Dios y estos hombres y mujeres: La adoración eucarística perpetua. La experiencia de un pueblo que ama a Dios y que no tolera que Dios esté solo.

Que el Señor bendiga con su gracia esta extraordinaria iniciativa de una gente que cree que Dios existe y que está aquí. Él ha puesto su morada entre nosotros. Cantemos al amor de los amores
(Antonio Dorado, obispo de Málaga).

En el mismo centro de Buenos Aires, en la iglesia más antigua de la ciudad, San Ignacio de Loyola, se ha inaugurado una capilla de adoración perpetua el 15 de abril del 2007. Hubo muchos fieles comprometidos a una hora de adoración semanal para estar con el Señor en silenciosa adoración.

Esta capilla ha sido posible gracias a la generosidad de aquellos hermanos que han aceptado formar parte de la Comunidad eucarística. Cada capilla de adoración perpetua es un signo evidente del amor de Dios. Jesús nos espera a todos con los brazos abiertos y con toda clase de bendiciones y gracias. No lo dejemos abandonado. Él espera nuestro amor y no se dejará ganar en generosidad a la hora de regalar sus bendiciones sobre la parroquia y sobre los adoradores y sus familias.

Veamos el testimonio de una persona que se siente feliz de ir todos los días a visitar a Jesús sacramentado en una capilla de adoración perpetua. Me he inscrito desde mayo de 2007 como adoradora. Voy a una preciosa capilla de la ciudad de Oviedo (España), que fue escogida para entronizar día y noche al Santísimo Sacramento. Desde ese momento, nunca está solo. Todo es muy sencillo. Una gran cantidad de personas, por turnos, acompañan a Jesús día y noche. Cada adorador se compromete un día a la semana, al menos una hora, para dedicar ese tiempo para estar con Él.

Alguien puede preguntar: ¿y qué se hace ante Dios? Pues bien, ¿qué se hace ante un padre al que se le quiere con locura o ante una madre? El buen hijo los visita, porque los quiere; les habla de sus cosas, de su vida, y escucha sus opiniones sobre ellas. Otras veces es a la inversa, se escucha con in­terés a los padres y después se les contesta. ¿No es así? Pues lo mismo es con Dios.

De todas formas, es necesario experimentar el estar ante la presencia de Jesús, el amigo Jesús, para poder comprender el grado de paz que alcanza el alma. En las horas de la noche es un privilegio impresionante estar con Él. Pudiera parecer que es un esfuerzo o un gran sacrificio acudir a las tres o a las cuatro de la madrugada, pero no lo es. El encontrarse con Dios en ese silencio, cuando todo duerme, es un regalo inmerecido que Dios le concede.

Allí se siente la responsabilidad de la humanidad. Se lleva en sí y se representa a toda la humanidad. La fe crece y aumenta la admiración hacia ese Dios maravilloso que siempre nos espera. El alma queda como alucinada al comprender que no es nada y está siendo recibida por Dios directamente, sin cita previa, sin solicitudes burocráticas tan humanas; sino así, sencilla y llanamente por Dios, porque Dios accede a estar con el hombre, cuando éste quiere estar con Él.

Hay veces en que se le mira simplemente sin decirle nada, pero en esa mirada hay agradecimiento y profunda admiración. Otras, en cambio, cuando el alma parece un volcán en erupción, se le “disparan” necesidades, preocupaciones, tristezas, problemas, descargándolas en Él con confianza. Otras veces le "piropea" a Dios, diciéndole las cosas más bellas que salen de su corazón. Y Dios escucha siempre.

Cuando me apunté de madrugada, creí que hacía una gran cosa. Ya en mi primera hora de adoración, comprendí que la gran cosa no era la mía, sino, al contrario, era la de Dios que se prestaba a hacerme caso y a estar conmigo. Y con ello descubrí cómo por ignorancia, comodidad o pereza, muchos hombres se pierden infinidad de gracias de Dios.

Estar junto a Dios, delante de Él, es algo que basta para entusiasmarnos. Es tal el poder del amor de Dios que, cuando se le concede un poco de nuestro tiempo, uno se siente feliz y se pasa el tiempo sin pensarlo. ¿Pero cómo es posible que haya pasado tan rápido?

Somos muchos los que acompañamos a Jesús a lo largo de todas las horas del día y de la noche. Personas que hasta ahora no nos conocíamos, vivimos una unión en Jesús. Se palpa el inmenso milagro de la fraternidad, se palpa nuestro cariño en nuestras miradas, en nuestras sonrisas al vernos. Me gustaría animaros a los que leáis estas líneas a poder participar de esta experiencia de cielo, sé que es difícil convencer. Sin embargo, espero que, tarde o temprano, podáis comprobar por propia experiencia que es cierto lo que os digo. Vete a visitar a Jesús y prueba por ti mismo el amor de Jesús para que puedas hablar a otros por experiencia.

En algunas parroquias, hay madres de familia que han decidido comprometerse algunas horas del sábado en la noche, cuando sus hijos jóvenes están de fiesta. Incluso los niños son educados para que vayan a visitar a Jesús Eucaristía, como se resaltó en el Congreso eucarístico de Guadalajara en octubre del 2004.

Don Bruno Verduci, párroco de Scilla-Favazzina (Italia), dice que comenzó la adoración perpetua el 1 de noviembre del 2006 con 350 adoradores, después de tres años de evangelización eucarística, y dice: Mucha gente se me acerca y me dice: Ha hecho algo maravilloso. Gracias”. Yo les digo: No me agradezcan a mí. No tengo ningún merito. Alaben al Señor, porque Él solo es el autor de este prodigio de amor. Desde ese día me siento más sacerdote y atraído de modo irresistible hacia la Eucaristía, donde oro por los fieles que Dios me ha encomendado.

Cristo en la Eucaristía sana y bendice, es la Cristoterapia, porque Cristo es el mejor médico de cuerpos y almas para todos, especialista del corazón para corazones rotos por divorcios, tristezas, muertes de seres queridos o cualquier grave dificultad de la vida.

Sigamos el ejemplo de Juan Pablo II que se pasaba una noche entera de adoración ante el Santísimo Sacramento una vez por semana.

El padre Michael Scanlan dice: En la universidad franciscana de Steuvenville hemos tenido adoración perpetua todos los semestres desde 1991. Los estudiantes se apuntan para una hora de adoración semanal, cubriendo las 24 horas del día, los siete días de la semana... La adoración eucarística se ha convertido en parte central de la vida del campus universitario, los estudiantes han descubierto por sí mismos su importancia y es común oír decirles: “Tengo que pasar un tiempo en adoración”.

La Madre Briege McKenna, que tiene un maravilloso ministerio de sanación de enfermos por todo el mundo, cuenta en su libro Los milagros sí ocurren que un día de junio de 1971, víspera de Pentecostés, estaba en su convento de Tampa (USA), haciendo su hora santa de adoración. Estaba un poco cansada y aburrida, pero después de quince minutos, sintió una quietud extraordinaria y una voz le dijo: Briege. Dice ella: Yo me volví hacia la puerta, porque la voz era tan clara que sonaba como si alguien hubiera entrado en la capilla. No había nadie; pero, al mismo tiempo, tuve una intensa sensación de que alguien estaba presente. Al volverme hacia el sagrario, la voz me dijo: Tú tienes mi don de sanación, úsalo. En su hora de adoración, Jesús se le manifestó y le concedió el carisma de sanación de enfermos. En el caso de los santos, que llegan al matrimonio espiritual, esta gracia la reciben en el momento de mayor intimidad con Jesús: el momento de la adoración y comunión eucarística.

El padre John Magee de Clone, Irlanda, siendo obispo, estableció la adoración perpetua en la mayoría de las parroquias de su diócesis. Las vocaciones se triplicaron en tres años. Ahora en Irlanda hay más de 150 capillas de adoración perpetua.

El padre Brian Ahern, párroco de la iglesia de san Gerardo en Geraldton, Australia, estableció en su parroquia una capilla de adoración perpetua, cediendo su habitación personal, dado que no había otro lugar adecuado en la parroquia. Dios lo ha bendecido con muchas vocaciones al sacerdocio y muchísimas bendiciones para él y su parroquia. El padre Ahern cuenta que un día de Jueves Santo fue a visitarlo Eileen Forth una ex-católica de su parroquia, que se había hecho metodista, porque había pensado que Dios no estaba en nuestra Iglesia, dado el poco fervor de la gente que conocía. Ese día de Jueves Santo fue a visitarlo con la exclusiva idea de agradecerle por lo que él la había ayudado, cuando ella era católica. Como el padre estaba celebrando la misa del Jueves Santo, ella fue a la iglesia y asistió a la misa. Al terminar la misa, el padre Ahern llevó a Jesús sacramentado al Monumento y pasó delante de ella. Al verla, la bendijo con el Santísimo y ella escuchó la voz de Jesús que le dijo: Eileen, yo estoy en mi Iglesia. Estoy realmente presente en el Santísimo Sacramento, pero la gente no me conoce y me deja solo y abandonado. Ayúdame a renovar mi Iglesia por medio de la adoración perpetua.

Algo parecido les sucedió en esa parroquia a Ann Lucía y Nancy Laneri. Y es de todos sabido que la mayoría, por no decir todos los convertidos protestantes a la fe católica, se enamoran de Jesús Eucaristía, siendo éste el punto fundamental de su conversión.

Por eso, decía Larry Villone: Defender hoy a Cristo en el Santísimo Sacramento es como defenderlo, cuando estaba en la cruz. Hay que luchar en esta guerra contra el mal, defendiendo a Jesús y amándolo en el Santísimo Sacramento.

Dice Monseñor Josefino: Una noche, Nonette Silla se encontraba en la capilla rezando desde las 2 a.m. hasta las 3 a.m., una hora antes que la mía. Hacía tres semanas que ella le había encomendado al Corazón de Jesús a un hombre que estaba destruyendo la vida moral de algunas de sus amigas. Ella incluía a este hombre en su oración y le pedía a Jesús que trajera a este hombre a la capilla para tener la certeza de su conversión. Tres semanas después, mientras ella rezaba en ese mismo lugar, oyó que alguien sollozaba. Al darse vuelta, vio que era el mismo hombre por el que estaba orando. Él le explicó que, durante tres semanas, su mente había estado muy confundida. No podía dormir y empezó a pensar que estaba mal lo que hacía. Esa noche estuvo conduciendo por toda la ciudad de Makati donde vivía. Cuando pasó por la iglesia de san Miguel, vio la luz de la capilla encendida. La luz le pareció atrayente y decidió entrar. Y allí encontró la misericordia de Jesús en el Santísimo Sacramento. Por eso, sollozaba. Cuando yo llegué a las 3 a.m., él me contó su historia, se confesó y, desde entonces, viene diariamente a la misa y comunión.

El mismo Monseñor dice: Una noche, en la iglesia de san Miguel, acababa de terminar mi hora santa a las 4 a.m., cuando llegó una mujer en taxi. Ella quería que hablase con su hijo. Vivían en Parañaque. Me dijo que una voz la había despertado, diciéndole que fuera a la iglesia de san Miguel. Se levantó justo a tiempo, pues su hijo estaba a punto de suicidarse. Y me lo trajo para hablar con él. A partir de ese día, el joven comenzó a mejorar y ahora está muy bien.

El Papa Juan Pablo II beatificó a Dina Belanger, una mujer canadiense muy devota del Santísimo Sacramento. Cuando ella iba a su adoración, Jesús le mostraba multitudes de almas al borde del precipicio del infierno. Y después de su hora santa, ella veía a esas almas en las manos de Dios. Jesús le hacía entender que el valor de una hora santa es tan grande que lleva a multitudes de almas del borde del infierno a las puertas del cielo.

La visita a Jesús sacramentado es como el acercamiento a la cálida luz del sol en un día de invierno, como el beber agua en una tarde calurosa de verano, como el contemplar una hermosa flor cuando estamos tristes. Jesús desde el sagrario nos alegra y nos llena de su paz.

¡Cuánta fuerza de evangelización tiene el poder irradiante de Jesús sacramentado! ¡Cuánto poder tiene el apostolado de la adoración! ¡Cuántos ancianos y enfermos podrían dedicarse a este apostolado tan eficaz, empleando así mucho de su tiempo libre! Para Charles de Foucauld, en el desierto, sólo el hecho de tener el sagrario era ya, una manera de evangelizar, pues la presencia poderosa de Jesús Eucaristía llegaba, de alguna manera, a todos los que lo rodeaban. Pienso también ahora en los conventos que tienen la adoración perpetua y en tantas religiosas viejecitas, que se pasan horas y horas ante Jesús sacramentado. ¡Cuánta fuerza de apostolado tienen estos conventos y estas personas por muy ancianas o inútiles que parezcan a los ojos del mundo!

Monseñor Josefino nos dice: En una ocasión, estaba predicando en una parroquia, cuando aparecieron tres hombres que habían recorrido varios kilómetros para que uno de ellos se confesara. Los tres eran amigos y tenían el mismo horario de adoración. El que quería confesarse, después de cuarenta años de estar alejado de Dios, lo hacía, porque, al haber comenzado su hora de adoración, había sentido la necesidad de reconciliarse con Dios. Era un fruto de la adoración.

En un barrio muy pobre de Buenos Aires, se estableció una capilla de adoración perpetua en un pequeño oratorio en la esquina de Lagos García y Gifford. Hasta ahora han podido cumplir sus horas de adoración a pesar de las inundaciones, de los cortes de luz, de la inseguridad... Jesús les da fuerza y amor para cumplir su compromiso.

Hay adoradores pobres, que vienen sin comer y, lo que es peor, sin saber qué van a comer sus hijos. Muchos vienen sin dinero para el colectivo, pero vienen. No sabemos qué le cuentan a Jesús o qué les dice Jesús a ellos. A veces, durante la adoración o antes de que se termine el día, por un camino insólito, llega a su casa, ropa o una noticia de promesa de trabajo. Otros días no hay nada, pero tienen paz en su corazón... Desde cualquier casa del barrio, sabemos dónde está el Santísimo expuesto y allí se va su pensamiento y su corazón, cuando se presenta algún dolor, una emergencia o un problema especial. El corazón vuela a la capilla de adoración perpetua, porque allí está Jesús.

En Lima conozco dos parroquias de adoración perpetua. El párroco de la parroquia de Limatambo, San Borja, decía: La adoración perpetua trae como resultado que las familias estén más unidas, que las vocaciones sacerdotales aumenten, que cambie el estilo de vida de la comunidad y que vayan desapareciendo la violencia y el pandillaje. Crecen los grupos parroquiales, asiste más gente a la misa dominical y muchos buscan con más frecuencia la confesión.

En esta parroquia de Nuestra Señora de la Alegría hay cuatro turnos de adoración desde el 2004. En cada turno hay seis personas responsables, una de cada hora, que tiene a su cargo un grupo de fieles que están inscritos y comprometidos a hacer una hora de oración ante el Santísimo a la semana; sin mencionar la presencia espontánea e individual de niños, jóvenes y adultos de la comunidad.

En nuestra parroquia Nuestra Señora de la Caridad de Lima establecimos una capilla de adoración eucarística durante las horas del día, de 8 a.m. a 9 p.m., a partir del 28 de octubre del 2006 y las bendiciones de Dios no se han hecho esperar. Ahora vienen muchas personas durante el día a hacer su turno de adoración, que antes no venían, porque estaba cerrada la iglesia por miedo a los ladrones. Veo personas que antes apenas venían a misa algunos domingos y ahora vienen todos los días. Otros que entran al pasar delante de la iglesia. No faltan quienes se acercan en momentos difíciles para pedir ayuda. Me alegra también ver a personas que no son de la parroquia y que se acercan a hacer una pequeña visita de saludo para pedir la bendición del Señor.

¡Cuántas personas vienen a visitar diariamente a Jesús Eucaristía! ¡Desde el vendedor de escobas y el que vende flores al vigilante de la esquina! Algo que antes ni siquiera se les ocurría. ¡Cuántas gracias reciben muchas personas por haber tenido la oportunidad de tener una capilla abierta todo el día, y así tener la facilidad de visitar a Jesús sacramentado! Por eso, ojalá que el mundo estuviera lleno de capillas al Santísimo para que las bendiciones de Dios llegaran a todos los hogares.

La facilidad de visitar a Jesús en una capillita acogedora hace que incluso los jóvenes entren, aunque sea por unos momentos a saludar a Jesús. La presencia viva de Jesús entre nosotros y tenerlo a la mano es el mejor remedio contra las sectas o contra la indiferencia religiosa que nos acecha. Jesús Eucaristía es el mejor evangelizador parroquial. Y, con su presencia callada, llega a todos y bendice a todos.

Algunos piensan que es peligroso tener la adoración durante la noche. Pero en la Basílica del Sagrado Corazón de París ha habido adoración perpetua durante más de 100 años y nunca ha ocurrido un incidente. Muchos sacerdotes han comprobado que los crímenes en sus barrios han disminuido desde que empezó la adoración perpetua. Y es que Jesús en el Santísimo Sacramento es más poderoso que todos los ejércitos del mundo. Y nos sigue diciendo como hace dos mil años: Ánimo, soy yo. No tengáis miedo (Mc 6, 50).

Personalmente, estoy convencido de que en los lugares donde hay adoración perpetua, noche y día, o al menos adoración diurna perpetúa, disminuyen drásticamente la delincuencia, los abortos, los suicidios, divorcios, salas de juego..., y la gente se acerca más a Dios. Sería muy interesante hacer una encuesta sobre la noche del Jueves Santo, cuando en todas las iglesias católicas está expuesto Jesús sacramentado en los monumentos solemnes, para verificar que esa noche hay menos accidentes y menos problemas sociales que otras noches del año. De hecho, muchos párrocos han constatado que muchas casas de citas o de juegos fueron desapareciendo, poco a poco, desde la implantación de la adoración a Jesús sacramentado. Porque el amor de Jesús es más poderoso que todas las bandas de malhechores y que todas las fuerzas del infierno reunidas contra Él.

El obispo san Juan Neumann (1811-1860) presentó a los sacerdotes de Filadelfia (USA) la propuesta de tener expuesto el Santísimo durante cuarenta horas por parroquias, pero ellos pensaron que era demasiado peligroso, pues había mucha delincuencia en la ciudad. Una semana después de presentar la propuesta, se incendió su casa y todo quedó reducido a cenizas menos dos papeles, en los que había escrito sus planes para la devoción de las cuarenta horas. Y Jesús le dijo: “Si yo puedo salvar un par de papeles del fuego, ¿cómo no voy a poder proteger a la gente que venga a adorarme al Santísimo Sacramento?”. Tan pronto como la devoción de las cuarenta horas comenzó a extenderse, empezó a disminuir sensiblemente la delincuencia en la ciudad.

El padre John Randell tenía su parroquia en Rhode Island, en una zona muy peligrosa de Nueva York. Mucha gente de la parroquia empezó a ir a vivir a otras zonas más seguras. Incluso el obispo pensó en cerrar la parroquia. Pero el padre John estableció una capilla de adoración perpetua y ahora su parroquia es una parroquia floreciente, siendo un lugar muy seguro, gracias a la presencia de Jesús sacramentado. El testimonio del padre John inspiró al obispo Profugio de Lucena (Filipinas) a hacer lo mismo. Y ha dado público testimonio de que la adoración perpetua salvó a su diócesis del comunismo que amenazaba destruirla.

El párroco de la iglesia de san Pedro y san Pablo de la ciudad italiana de Trieste estableció una capilla de adoración perpetua en su parroquia y los suicidios cayeron menos de la mitad en un solo año. Todos asociaron la adoración eucarística perpetua con estos frutos. Porque, cuando el Señor es entronizado en la adoración perpetua, Él se hace presente de modo admirable.

Necesitamos adoradores que se postren ante Jesús Eucaristía para decirle que lo aman y están dispuestos a reparar por tantas blasfemias, injurias, indiferencias y ofensas que recibe continuamente.

Jesús, yo creo que Tú eres el mismo Jesús que nació en Belén y murió en la cruz. El mismo Jesús que perdonó a la Magdalena y calmó el mar de Galilea. Tú eres el mismo Jesús que sanaba a los enfermos y bendecía a los niños. Tú eres mi Señor y mi Dios, el Rey del cielo y de la tierra. ¡Bendito seas Jesús Eucaristía, que siempre me esperas como un amigo en este sacramento! ¡Alabado seas por siempre mi Jesús sacramentado!

ADORADOR PERPETUO

Si tú crees realmente que Jesús, tu Señor y tu Dios, te espera todos los días en la Eucaristía, debes proclamar por todas partes esta gran verdad. Debes ser apóstol de la Eucaristía y debes amar, visitar y adorar a Jesús día y noche, sin descanso. ¿Cómo? Tú puedes ser adorador perpetuo por medio de los ángeles. Conságrate a Jesús como adorador perpetuo en unión con todos los ángeles, adoradores de Jesús Eucaristía, en cualquier capilla y hostia consagrada. En cualquier parte del mundo, aunque sea en un montón de tierra, donde los ladrones hayan tirado las hostias robadas de una iglesia o, incluso, en una reunión satánica, donde quieren profanar la hostia robada, allí, con Jesús, hay millones de ángeles adorándolo. Tu consagración a Jesús en unión con los ángeles adoradores hará de ti un adorador perpetuo, con tal que tengas intención de unirte a ellos para que adoren en tu nombre a Jesús Eucaristía. ¿Te imaginas cuántos ángeles estarán adorando a Jesús en cada momento en tu lugar? Pero tú, siempre que puedas y dentro de tus posibilidades, debes cumplir tu compromiso de adoración a Jesús eucarístico y ser un apóstol para atraer a muchos a la adoración. Así que conságrate y dile a Jesús estas o parecidas palabras:

Señor Jesús, quiero amarte y adorarte con todo mi corazón en la Eucaristía y, no sólo durante unos momentos, sino día y noche, todos los días. Quiero ser tu adorador perpetuo hasta el fin de mi vida y quiero unirme a todos los ángeles que te adoran en este sacramento de la Eucaristía. Úneme a ellos en tu divino Corazón, por medio del Corazón Inmaculado de María, y haz que seamos UNO y que ellos te adoren en mi nombre y yo te adore en su nombre, y vivamos unidos para siempre en tu divino amor. Amén.


COMUNIDAD ADORADORA

El ideal sería que cada Comunidad religiosa tuviera adoración eucarística perpetua. Esto no siempre es posible por falta de personal; pero, al menos, que tengan Exposición del Santísimo algunas horas al día, especialmente en sus momentos de oración comunitaria.

El Superior o Superiora debería tener el permiso correspondiente para poder exponer el Santísimo y reservarlo, al menos, durante algunas horas al día. Así darían mayor realce a la oración en común. Con frecuencia, los sagrarios de nuestras capillas dicen muy poco, son poco llamativos y no centran la atención. En cambio, una hermosa custodia con Jesús Expuesto, llama más la atención, concentra la mirada y nos ayuda a manifestarle más nuestro amor. Al verlo rodeado de luces y flores, nos parece como si estuviera más bello y nos emociona más. Y esto que parece tan sencillo puede tener una trascendencia en la vida de Comunidad, al hacer mejor su oración y al recibir más bendiciones de Dios.

Al tener el Santísimo Expuesto, al menos algunas horas, se daría mayor importancia a algunas religiosas ancianas o impedidas, cuya misión en la Comunidad, al no poder hacer trabajos físicos, será orar ante el Santísimo por toda la Comunidad. Si la Exposición se hace en la iglesia, que está abierta al público, entonces se podría conseguir personas laicas que, por turnos, puedan estar en adoración. Las horas de adoración comunitaria atraerían muchas bendiciones de Dios para las religiosas y para todo el pueblo o ciudad donde residen. Incluso, aumentarían las vocaciones al pedírselo diariamente a Jesús ante el Santísimo Sacramento y enviando después a los ángeles custodios a buscar vocaciones. Así lo ha hecho algún convento con excelentes resultados.


ORACIONES

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y, por los méritos de su Santísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pobres pecadores (Oración que el ángel de Portugal enseñó a los tres pastorcitos).

Oh Jesús, presente en la Eucaristía, quisiera ser la pequeña gota de agua que cae en el cáliz y se transforma, junto con el vino, en tu sangre divina. Quisiera ser una pequeña partícula del pan que, en la misa, se convertirá en tu cuerpo santo. Quisiera ser una gota de tu mar, un granito de la arena de tu playa infinita y una migaja de tu pan eucarístico para así pertenecerte por entero sin condiciones y así darme contigo a mis hermanos.

*******


Gracias, Señor, por haberme hecho comprender que Tú eres la única fuente de alegría del universo y que sin Ti, nadie puede ser feliz. Gracias por haberte quedado tan cerca de mí en el sagrario, donde puedo ir todos los días a visitarte. Gracias, porque, cada vez que voy a visitarte, me encuentro con tantos millones de amigos, como son los ángeles que te acompañan y te adoran en cada sagrario. Gracias, Señor mío.

VERSOS PARA LA SANTA ADORACIÓN

Hora feliz de dicha y de ventura
en que a tus pies me postro mi Señor.
En la que mi alma escucha con ternura,
llena de gratitud y de dulzura,
el íntimo lenguaje de tu amor.

Ahí estás... en esa hostia inmaculada.
En este instante sólo para mí.
Y yo, de las criaturas alejada,
aquí, al pie del altar arrodillada,
también estoy tan sólo para Ti.

El uno para el otro, ¡qué ventura!...
Los dos a solas, ¡cuánta dignación!

Dios muriendo de amor por su criatura
y diciéndole lleno de ternura:
¿Me das, hijo mío, tu corazón?

Sí, mi Jesús, el corazón te entrego,
mas en cambio yo el tuyo solicito.
Corazones cambiar podemos,
luego que abrasados están del mismo fuego,
y vivir en el tuyo necesito.

Abre, Señor, la sacrosanta llaga,
déjame penetrar ese Santuario.
Que tu pobre esclava agradecida
consuma en él su pasajera vida
como el fuego de místico incensario.

Bien ves que éste ha sido siempre mi deseo,
aunque mil veces te haya sido infiel...
Por tu Madre dulcísima he sabido
que hay en tu amante corazón un nido
y ansiosa estoy de reposar en el.

Cual ave fatigada y perseguida
huyo acosada del maligno cruel.
Y en vano busco en esta triste vida
algo que alegre mi alma dolorida
y lejos de ti, mi Dios, no lo hallaré.

Como el ciervo sediento y fatigado
inhala de las aguas la frescura,
así mi alma sedienta de su amado,
ansía por penetrar en su costado
para saciarse de su sangre pura.

Ya estoy en Él, ya corre por mi frente
la sangre de su ardiente Corazón.
La ofreceré con mi oración ferviente
hasta el trono del Padre Omnipotente,
para alcanzar de todos el perdón.

¡Piedad para la Iglesia perseguida!
¡Luz y fuerza al piloto que la guía!...
Oh Jesús, nuestra plegaria unida,
dará a los pecadores nueva vida,
vida de paz, de dicha y alegría.

Que las almas se salven, que te adoren,
que caigan a tus pies de amor henchidas,
y los ultrajes que recibes lloren...,
dándote en cambio con su amor sus vidas.

A los que cuidan tu redil amado,
ilumina con luz indeficiente;
que el rebaño eucarístico confiado
a su solicitud y su cuidado,
conduzcan hacia ti seguramente.

A mis hermanas que por ti rompieron
los dulces lazos del cariño santo...
Que para el mundo por tu amor murieron
e iluminadas por la fe te vieron,
del sacramento tras los velos blancos...
¡Oh mi Jesús amante y solitario!
Concédeles en ti pasar la vida...
Que cada adoratriz sea un relicario
y cada corazón ante el sagrario
sea de amor una lámpara encendida.

Bendice, oh Dios, a quien por ti he dejado
y no puedo borrar del corazón…
Mas el tiempo..., cuán rápido ha pasado,
cuán presto se acabó mi adoración.

Quisiera levantar aquí mi tienda
como el apóstol Pedro en el Tabor
aunque su amor el mundo no comprenda.

Me voy, mi solo bien...,
te dejo en prenda mi pobre corazón...
ADIOS, SEÑOR.

CONCLUSIÓN


Después de haber visto las innumerables bendiciones que Jesús Eucaristía derrama sobre las personas y lugares donde hay exposición permanente del Santísimo Sacramento, podíamos concluir que una capilla de adoración perpetua es una fuente inagotable de bendiciones para todos. Jesús, desde la custodia, irradia su luz y su amor, alejando las fuerzas del mal. Jesús Eucaristía es la mejor defensa contra los delincuentes y contra todos los que quieran hacernos daño. Las vocaciones se multiplicarán y, además, habrá muchas conversiones, no sólo de malos católicos que descubrirán al amigo Jesús, sino también de fieles de otras religiones, que descubrirán en la Eucaristía al mismo Jesús de Nazaret, el Dios hecho hombre por nuestro amor.

Les deseo a todos un amor sincero y profundo hacia Jesús, el amigo que siempre nos espera, nos ama y nos llama desde la Eucaristía. Que cada uno sea de ahora en adelante un apóstol de Jesús y que pueda decir, por experiencia y convencimiento: Jesús está realmente vivo y presente entre nosotros y nos espera en la Eucaristía. Venid a adorarlo. Venid, adoremos a Cristo Redentor.

Este es mi mejor deseo para ti.

Saludos de mi ángel y saludos a tu ángel.

Tu hermano y amigo del Perú.
P. Ángel Peña O.A.R.
Parroquia La Caridad
Pueblo Libre-LIMA-PERÚ
Teléfono 461-5894
BIBLIOGRAFÍA

DeGrandis Roberto, Curación a través de la misa, Ed. Minuto de Dios, Bogotá.
DeGrandis Roberto, Sanación a través de la misa, Ed. AMS, Bogotá, 2003.
La Barrera Ronald, El poder de la oración, Ed. Huellas, Trujillo (Perú), 2003.
McKenna Briege, Los milagros sí ocurren, Ed. Hispasa, El Salvador, 1999.
Pacini Alberto, Adorazione eucarística perpetua, Ed. M. A., 2007.
Ramírez Josefino y Martín Lucía, Cartas a un hermano sacerdote, Ed. Misioneros del Santísimo Sacramento, Plattsburgh, New York.
Ratzinger Joseph, Eucaristía centro de la vida, Ed. Edicep, Valencia, 2003.
San Pedro Julián Eymard, Obras eucarísticas, Ed. Eucaristía.
Santa Faustina Kowalska, Diario, Mendoza (Argentina), 1992.
Santa Micaela del Santísimo Sacramento, Autobiografía, Ed. BAC, Madrid, 1981.

Pueden leer todos los libros del autor en
www.libroscatolicos.org














© 1993-2009 José Luís Elizalde